martes, 6 de enero de 2026

Capítulo 257: Noche de Reyes Raros Indolentes

Escribí una carta a los Reyes Magos, otra vez. Les pedí lo mismo, otra vez. No me lo traerán, nunca más. 

¿Cuántas veces puede tropezar un ser humano antes de darse cuenta de que la piedra está ahí? ¿Cuántas veces tienen que negarte algo para que te des cuenta de que no va a llegar jamás? ¿Cuánta magia hace falta en este mundo para que tu mayor deseo se haga realidad? Mucha. Muchísima. Interminable. Igual debería buscar a aquellas chicas que se tatuaron "magia" en la muñeca después de visitar Disneyland, pensando que sus vidas podrían ser como las de las princesas de los cuentos de hadas. Cómo nos reímos de aquello, qué poco me río ahora. Como envidio su optimismo e inocencia. A fuego, si hiciera falta, me lo tatuaría ahora.

¿Es posible que los Reyes Magos no me traigan mi regalo porque piensen que no he sido un chico bueno?

He dejado el azúcar, he sido riguroso con mi gimnasio, he cumplido retos impensables años atrás. He estudiado, he trabajado, me he esforzado mucho, afrontando cada dificultad con estoicismo y dedicación. He sido paciente, he intentado ser buen amigo, he mentido por debajo de la media de cualquier ser humano con un mínimo de instinto de supervivencia, he aguantado carros y carretas en cuanto a faltas de respeto, humillación y situaciones injustas. He ido a donde estaban mis amigos y mi familia, en lugar de esperar que ellos vinieran donde estaba yo. He ayudado, he puesto la otra mejilla, he sido empático y me he dejado tomar el pelo. Te he escrito una vez y mil veces más. Te he recordado, te he llevado conmigo en cada momento. ¿Qué debe hacer una persona para merecer algo de cariño y compresión, para ser digno de tan deseado premio?, ¿qué más debo hacer para merecer mi regalo, por mucho que los dioses me lo desaconsejen?

Hoy fui a ver la cabalgata con mi sobrina y su amigo. Está en ese punto incierto donde la magia se confunde con el sentido común y el oportunismo. No eran ojos de emoción, no eran ojos de inocencia, no afrontaban el paso de las carrozas como si los milagros se pudieran desplazar a 5 kilómetros por hora. Estaban ansiosos, sí, pero por los regalos. Por saber qué parte de esa lista interminable de deseos se iban a convertir en realidad. En la carta que escribió me hizo mucha gracia un parágrafo en concreto: pedía, como primer deseo (que igual no el más importante, porque se había encargado de subrayar en fosforito los que tenían PRIORIDAD) que trajeran la Paz para el Mundo. Eso sí, la Paz para el Mundo, pero que a ella, como persona individual que escribía la carta, mejor le trajeran el ordenador portátil (fosforito, fosforito) que había pedido, que es lo más ilusión le hacía. 

Somos buenos, pero no inocentes. Aun así merecemos un poquito de felicidad, una felicidad fruto de lo que más buscamos en esta vida: un sentido para la misma. 

Sea en forma de portátil, en forma de videoconsola, en forma de camiseta de tu equipo favorito o de viaje al lugar de tus sueños. Incluso en forma de cafetera expresso con artilugio extra para hacer espuma de capuccino. Merecemos poder levantarnos una mañana y ver, frente al árbol, frente a la ventana, en la pantalla de tu móvil, en la puerta de tu casa, aquello que haga que todo tu cuerpo sufra una descarga de felicidad tan brutal que se te salten las lágrimas, que pierdas en control de tus emociones y que, de repente y sin poder contenerlo, en tu mente estallen mil fuegos artificiales a la vez. Que sea un momento tan especial y mágico que te haga darte cuenta de que la vida es el parpadeo más maravilloso e inconmensurable que ningún ser vivo pueda imaginar. 

Hoy, el niño pequeño que vive en mí, ha vuelto a tirar la carta. Vuelve a alargar la noche para irse a dormir tan tarde como pueda y así no dar vueltas en la cama  por los nervios, esperando que, como último milagro de la Navidad, sus deseos finalmente se cumplan. Sueña despierto con una noche donde todo sea posible, donde no todas las cosas tengan una explicación, donde hasta los adultos puedan estar equivocados. No hay que perder la fe, no hay que perder la fe. Sigue pensando que hay que creer con todas las fuerzas, y no parar de luchar: va, un poquito más. Yo sé que mi regalo no llegará mañana, como no llegó en ninguna mañana de los últimos años. Lo sé porque esta noche estiré la mano para que cogiera mis ilusiones envueltas en palabras, pero pasó de largo como una colometa que vuela ajena a la llamada, distraída y absorta en la radiante y distante Plaça del Diamant. 

Seguiré cerrando los ojos muy fuerte, hasta que las hostias me hagan despertar. Mientras tanto, ¿seguro que no molesto? Claro que me puedes ayudar... solo te tienes que... 


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Capítulo 256: LA MUJER (THE WOMAN)

A veces, por vicisitudes de la vida, uno tiende a recordar algunas fechas con una precisión especial. La cuestión es que yo, siendo un negado en esta faceta en especial, sí tengo marcadas al menos tres que cambiaron mi vida para siempre. Literalmente. 

La primera, un 12 de mayo, a las 10:15, que es el día y la hora en que nací. Otra, un mediados de marzo de 2015, posiblemente el día 15 o 16, sobre las 12:00 y algo, que fue cuando una enfermera, en un acto de piedad o de inconsciencia, o simplemente resultado de su rutina de trabajo, me dijo que mi madre iba a morir. La siguiente fecha fue un 12 de mayo de 2015, a las 15:14, el momento en que dejo de estar con nosotros. Finalmente, a todas estas fechas, se unió hace poco otra, también negativa, que sucedió un 29 de diciembre a las 14:27. Esta vez, mi mundo salto por los aires con un mensaje y, como en las otras ocasiones, no puede más que sufrir ese dolor en silencio, derrumbándome como un castillo de naipes mientras continuaba con mi vida aparente, aunque carente de todo sentido. 

Antes de ayer, a las 14:27, veía el episodio que considero más redondo de la historia de todas las series. Ya hablé de él años atrás, pero en su momento tenía otro sentido. Quiso la casualidad o tal vez el destino el que volviera a enlazar dos momentos de mi vida pasada en un mismo instante. Es el episodio de "Escándalo en Belgravia" de la serie "Sherlock". En él explican cómo un Sherlock engreído y confiando en sí mismo cae cautivo a los pies de una mujer que le hace perder el sentido y lo transforma en una marioneta enamorada, capaz de hacer todo lo que ella le pida. La mujer es LA MUJER, con mayúsculas, una clase de persona que conoces solo una vez en la vida y que es capaz de paralizarte con su sola presencia. Una mujer con un magnetismo especial, con un poder que va más allá de lo racional. Alguien que, como un caballo de Troya aparentemente inofensivo, se infiltra en ti, te invade, te desarma y acabas rendido y conquistado mucho antes de que te des cuenta. Una mujer que te conoce más allá de lo que tú jamás llegarías a conocerte, un ser que al que debieras temer, pero ante el cual no puedes resistirte, porque cualquier resistencia es en vano. En vano porque, aun sabiendo que no debes y que es un error, correrías hacia ella ciegamente, aunque eso implicara lanzarte a los brazos de la Muerte, aunque ardieras en llamas y ella no fuera más que fuego y perdición. Porque cuando te cruzas con alguien con mayúsculas no hay cabeza, ni instinto de supervivencia, ni voz divina que consiga hacerte cambiar de parecer. Cuando miras a los ojos de alguien así, estás perdido para siempre. 

Ese episodio coincidió con ese día, con esa hora. Muchas veces pienso que nada de aquello fue real, que solo era un juego de LA MUJER para salirse con la suya. Que el amor no estaba en su ecuación, que solo tenía un propósito, un juego minuciosamente planeado para conseguir un objetivo mayor, como hizo Irene Adler. Jugó con Sherlock, lo hizo sentir un pelele, un títere en sus manos, y cuando hubo acabado con él, lo tiró a la basura, sin remordimientos. Fue de una forma fría, impersonal, sin mostrar más sentimiento que una superioridad moral al haber vencido a un hombre que se creía más inteligente y seguro de sí mismo que ninguno. 

Pero como Sherlock, yo también hice una cosa antes de caer: yo también le tomé el pulso

Se pueden fingir muchas cosas, pero no el amor. A ella también se le aceleraba el pulso, también se le dilataban las pupilas. Ella también se dejó llevar por los sentimientos, lo sé. Y a pesar de todo, desapareció. Dejaron de llegar los mensajes. Se esfumó, como lo hizo Irene. Igual es que ella, LA MUJER, era demasiada mujer para lo que le podíamos ofrecer. 

Han pasado ya varios años y, como en aquel episodio, también hubo un mensaje final el día del fatídico aniversario. "Adiós, Sr. Sherlock". Ese debería haber sido mi mensaje. Eso llevaba planeando desde hace ya algún tiempo. Pero me limité a no responder. Igual es porque yo no soy un detective que lo sabe todo, igual es porque pienso demasiado y ya no controlo ni mis propios pensamientos. O tal vez sea porque ella no es la mujer con mayúsculas, la dominatrix que fue capaz de poner de rodillas a un listillo de pacotilla, y no supo calcular las consecuencias. Igual es porque, al final del juego, también se dio cuenta de que pudo haberse equivocado y que, algunas victorias, con el tiempo, no son más que  derrotas disfrazadas. Pero tal vez, si no he respondido, es porque, aunque no sea LA MUJER, para mí sí es La Mujer, y no sé renunciar a ella.

Sigo sin ser capaz de poner fin a todo esto, porque en días como hoy me doy cuenta de que no quiero a nadie, que nadie me importa lo suficiente, pero cuando alguien me pregunta con quién te gustaría compartir los últimos minutos del año, solo me viene un nombre: su nombre sin mayúsculas. 

       

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Capítulo 255: 5th November (V de Ve...)

En construcción.  

Capítulo 254: Shit November

Ha empezado un noviembre diferente para mí. No he esperado a Año Nuevo para tomar la decisión de ponerme a prueba. A raíz de todo el cúmulo de desdichados sucesos acaecidos en estos últimos tiempos, he creído necesario empezar ya con mi epopeya. 

Hace un año y medio quise demostrarme a mí mismo que era capaz de hacer ciertos sacrificios y seguir a rajatabla algún propósito que mejorara mi vida de forma sustancial. En ese momento fue dejar el azúcar, con todo lo que eso implicaba para una persona como yo, y lo conseguí. Ahora tengo la necesidad de afrontar un reto mayor, algo que ponga a prueba mis límites como individuo. 

A pesar de que estas últimas semanas han sido muy duras a nivel emocional, me he planteado una serie de normas, códigos y deberes a seguir, con el objetivo de autoimponerme una disciplina y una cultura del esfuerzo que me convierta en una persona más resiliente y abnegada. Pretendo cambiar el nivel de dificultad de mi vida a uno mayor, para ver si así logro convertirme en una persona lo suficientemente dura como para poder sobrellevar, de forma estoica, un presente que puede conmigo por momentos. 

He decidido rediseñar mi escala de prioridades, relegando lo superfluo y placeres inmediatos a posiciones más irrelevantes, y tocar fondo definitivamente, marcando mi punto de partida desde el punto más bajo. 

Todo esto implica que se acabó procrastinar, uno de mis mayores defectos. También será el mes del NNN, y a buen entendedor ...

Quiero reunir el valor suficiente para dejar de poner paños calientes a una herida que no deja de sangrar. Afrontar la realidad de cara, luchar contra el miedo y el dolor de algo que no puedo perder porque ya lo perdí hace tiempo. 

Reconocer, asumir y olvidar todo aquello que no es mi camino. 

Me he comprometido a llevar a cabo un reto mayúsculo en mi formación personal, que va a suponer cinco meses de durísimo esfuerzo, falta de horas de sueño y mucho trabajo. Seguiré aprendiendo que luchar y darlo todo por algo no implica obtener una recompensa final, ya que este reto es incierto, y si fracaso, lo volveré a intentar.   

Quiero recuperar ciertos lazos de sangre, sin pensar en un pasado deudor. 


Apenas llevo cinco días de mes y ya han pasado mil cosas que han puesto a prueba la integridad de mi proyecto, pero sigo sin flaquear. No va a ser fácil porque he renunciado a la mitad de las cosas que me evadían y me hacían feliz, y esto apenas ha comenzado, pero pienso ser firme. 

Estoy concienciado y preparado, y muy dispuesto a autoconocerme y a comprobar de qué pasta estoy hecho. Soy tan cabezón que, aunque resulte absurdo a ojos ajenos, llevaré todo esto hasta las últimas consecuencias. Para ello tengo una ventaja: llevo tanto tiempo obligado a renunciar a todo lo que más quería y tengo tan poca fe en las personas, que nada ni nadie me puede ya decepcionar. 

Como decía aquel, teme al hombre que no tiene nada, porque no tiene nada que perder.  


 

viernes, 31 de octubre de 2025

Capítulo 253: Vaya castaña

La noche de la Castañada, la noche de Halloween. Aquí estoy, solo con mis fantasmas, ¿hay algo más aterrador?  


 

jueves, 30 de octubre de 2025

Capítulo 252: ¿Qué clase de persona soy?

Hay una frase que dice: "Los tiempos difíciles crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean tiempos fáciles, los tiempos fáciles crean hombres débiles; y los hombres débiles crean tiempos difíciles". Yo soy un hombre débil, viviendo un tiempo fácil que yo mismo lo he transformado en difícil. 

Me siento derrotado, abatido, superado por unas circunstancias que no he sabido controlar. Soy un hombre débil que llora como una mujer, lo que no supo defender como un hombre. 

Mi felicidad sigue en torno a una quimera que ya solo existe en mi imaginación y en mis recuerdos. Como el mito de Sísifo, vuelvo al punto de partida con todo el peso de un tiempo pasado que siempre pensé que fue mejor. 

Hoy, de nuevo, y más que nunca, entiendo a mi madre. Solo quiero dormir, solo quiero desaparecer de esta realidad, y que las historias que me rodeen sean de otros mundos que me hagan olvidar el presente. Ella escondía pastillas, pedía morfina, buscaba la medicación necesaria para intentar dormir el máximo número de tiempo, esperando que al despertar todo se hubiera solucionado. Porque en sueños todo era posible. Huir de la realidad era ese arma de doble filo que no le quedaba otra que empuñar: al dormir el cáncer era solo una enfermedad que no le había tocado a ella, pero al despertar le esperaba el jarro de agua fría que era recordar a la injusta química y a su obsceno azar. 

No sé hasta qué punto ese martirio psicológico de no ver luz al final del túnel le hizo claudicar y resignarse a su destino. Entiendo el agotamiento mental de ese proceso, el de luchar contra una realidad que te niega lo que más deseas. Ver como la esperanza se desvanece y darte cuenta qué, solamente tú, no eres consciente de que no hay nada que hacer. Eso destroza a cualquier por dentro.  

Mi motivación actual es cero, me siento si me despertara en aquel fatídico diciembre. Ninguno de mis planes, por muy bien que salgan, me motivan en absoluto. Es como haber encontrado el secreto de la felicidad eterna, pero no tener a nadie con quien compartirla. Cuando solo deseas una cosa en la vida y te la niegan, eso es como estar muerto en espíritu y alma. 

Nunca me he arrepentido de las decisiones que tomé en el pasado, me pude equivocar, pero aprendí, acepté su precio y seguí adelante. Pero en este caso, por primera vez en la vida, si pudiera volver atrás, habría cerrado los ojos y pulsado el botón de apagar. 

No sabes lo que me cuesta decir esto, verbalizarlo (qué ironía). Tengo que escribirlo aquí porque no tengo quien me pueda escuchar. Miento, sí tengo, pero una parte no lo entendería o preferiría no saberlo, y a la otra parte no la quiero cansar con el mismo cuento porque ya no saben qué decirme.

He pensado en esa respuesta que volvió a ponerme los pies sobre la tierra (más bien sobre mi infierno personal) y me he dado el plazo de tiempo de esas cuatro veces al año. Ya no puedo llevar todo esto encima, escribiendo por escribir, porque no escribo para la nada sino para que algún día se pueda saber que, lo que pudo parecerle un aleteo de mariposa, en el otro lado del mundo fue un terremoto devastador.  

No hice caso a mi sabia amiga cuando me dijo que buscara todas las respuestas a mis preguntas, que por mucho que fuera a dolerme en aquel momento, cerraría un capítulo de mi vida. Al no hacerlo, mi vida se ha convertido en un camino sin pena ni gloria, que se viene abajo con un simple tecleo.

Cuando las heridas no se cierran, el mal se extiende por todo el cuerpo y los hombres débiles nos autocompadecemos en nuestro rincón mientras los hombres fuertes ocupan tu lugar. 



¿Qué hubiera sido, si no te hubiera conocido, seguramente, no estaría sufriendo esto contigo, ni como amigo...




miércoles, 29 de octubre de 2025

Capítulo 251: Iba a ser...

Iba a ser este día cuando me vaciara y escribiera 20 poemas de amor y una canción desesperada. Iba a regalarte muchas cosas, todas valiosas para mí, para ti, tal vez, innecesarias. 

Pero 9 palabras desangeladas han humedecido mis ojos y secado mi alma. No por esperado el vacío y  la decepción es menos dolorosa. 

Te iba a contar mil cosas que no podía decirte, recopiladas en todo este tiempo, salidas de lo más profundo de mi ser, cosechadas de todos los campos que he recorrido, tan solo para cubrirte de oro y estrellas.

Pero con la indiferencia has vuelto a hacer sangrar a un perro que ya estaba muerto, un saco de huesos y piel que seguía esperando en la puerta de tu casa. Yo soy como los animales, que no entienden de traiciones, de juegos perversos y desapego. Yo sigo mirando con los mismos ojos que el primer día, entristecidos por no entender por qué te has ido, sin mirar atrás. 

Te he regalado 100.000 palabras de forma interrumpida, mi devoción y mi integridad absoluta. No debía ser amor del bueno el que tardó en olvidarla 19 y 500 noches, pero yo ya no puedo más. 

No puedo seguir con esto, no puedo.