Estoy a minutos del final del camino. Una simple respuesta pondrá fin a todo un espejismo de luces y sombras. Se hará la oscuridad perpetua mientras su corona estelar de reina matará, con esos últimos rayos de sol, mi esperanza.
Dicen que los animales notan y sufren las consecuencias de los eclipses. El cambio súbito que supone pasar de la luz absoluta a una noche repentina causa alteraciones en sus ciclos circadianos, hecho que provoca inquietud y desconcierto hasta el punto de llevarlos a un extremo de ansiedad y confusión vital inexplicable.
Yo estoy sufriendo eso ahora. Hoy se ha roto una tregua de facto que separaba el mundo banal de nuestras vidas del personal, en esta historia que agoniza pero que nunca muere. Puede que fuera el eclipse, puede que fuera que mi estado de ánimo que no se puede permitir seguir viviendo una montaña rusa de sentimientos, donde paso de una euforia irrefrenable en las subidas y a un vacío inabarcable en las bajadas. Puede que, como animal salvaje e iracundo que soy, toda esta desorientación pasajera haya provocado que hoy terminara por reunir las fuerzas necesarias para no alargar más este sufrimiento en vano. Quizá porque los eclipses exaltan los sentidos más irracionales y primarios en las bestias, hoy pude mirar al Sol directamente.
Me he venido aquí, a … No, no lo he visto. Te gustaría todo esto. Tienes que venir. Inspiración. Ojos cerrados. Exhalación. Angustia. Bilis.
Como un animal acorralado, encadenado a un fatídico destino, así me he sentido al recibir la dentellada y no poder más que reaccionar aceptando el funesto combate final.
¿Con quién has ido?
Respiración entrecortada, el corazón desbocado, cada latido de espera una explosión interior incontenible. Va a llegar el momento, crónica de una muerte anunciada. Que caiga sobre mí, que se acabe ya todo esto. Mátame. Si has de hacerlo, hazlo ya.
Y mientras esperaba el golpe final y se escapaba el último haz de luz que sumía todo mi mundo en una oscuridad infinita, la Luna me tendió la mano. Ahora entiendo por qué los lobos la veneran a pesar de estar tan lejos y ser tan inalcanzable. La respuesta no fue él, fue ella.
Y sin saber muy bien cómo, la noche cerrada e infinita, volvió a ser luz y día. Sí, un día breve y efímero, con las horas contadas, pero de nuevo día. No sé si la Luna mintió y me engañó con un juego de luces para que pudiera seguir soñando con un nuevo amanecer, o si la verdad ya solo parece un conjunto de reflejos de ciegan mi percepción. Solo sé que el animal simple que soy, tras la oscuridad del eclipse, volvió a su naturaleza indómita y combativa al ver que, fuera el motivo por el que fuera, la Luna igual no quería que se marchara y tal vez sentía cierto calor con aquellos aullidos con los que incesablemente la llamaban.
El eclipse no fue arena y sudor sobre una toalla en una playa abarrotada.
El eclipse no fue una muralla de jubilados impasibles bloqueando la vista del lugar donde estaba sin importarles nada.
El eclipse no fueron nubes inoportunas y celosas que emborronaron el cielo por no ser el centro de atención de tantas almas y miradas.
El eclipse no fue que alguno quisiera ser el protagonista no invitado gritando sobre el castigo divino, Jesús y demás patochadas.
El eclipse es que al final, mire donde mire, siempre veo tu cara, y que en mi vida, tú, siempre omnipresente, eclipsas todo lo que piense, todo lo que haga.
Y te necesito ahora esta noche
Y te necesito más que nunca
Y si tan solo me abrazas fuerte
Nos mantendremos unidos para siempre
Y estaremos haciendo lo correcto
Porque nunca nos equivocaremos
Juntos, podemos llegar hasta el final del camino
Tu amor es como una sombra sobre mí todo el tiempo (Todo el tiempo)
No sé qué hacer y siempre estoy en la oscuridad
Vivimos en un polvorín y soltamos chispas
Realmente te necesito esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche