El mejor sueño, la peor pesadilla. ¿Por qué sigues apareciendo? Ya ha pasado mucho tiempo, deberías haber desaparecido de mi vida. Tengo mil motivos para que quedes anclada en el pasado y que tu recuerdo sea simplemente imágenes dispersas en mi memoria.
“Albertito, mi Albertito”. ¿Por qué sueño que volverás cuando ya hasta dudo si llegaste a estar? Mi cerebro, tan torpe e ingenuo, empieza a cuestionarse de qué lado está. Siempre creí iba con ella, pero ahora empiezo a descubrir que, alguna parte oscura y rebelde, se ha dado cuenta de a quién debe verdadera pleitesía. Quiso volver, con su imagen dorada pero de rostro borroso, pidiendo aquello que alguna vez fue. Tan solo una pregunta: “¿por qué?” deshizo el hechizo. Desperté. Me despertó. Un cerebro cansado de sufrir un dolor físico insoportable cortó de por lo sano lo que iba a ser un espejismo de nostalgia e irrealidad.
Ya ni en sueños me creo que haya marcha atrás, a pesar de que sigas apareciendo constantemente y a todas horas. Pero por suerte ya hay alguien que vigila por mí, que me cuida cuando me fundo con lo onírico. No me librará de ti, jamás lo hará, pero no acepta que sufra en vano la idealización de lo que ya no existe, de lo que ya nunca volverá a ser igual.
No puedo olvidarte, nada ni nadie te podrá sustituir, pero tampoco busco ni deseo aquello que te pueda igualar. Murieron y mataste mis ganas de querer, de amar. Tienes el monopolio de mi felicidad, pero no iré a buscarla ni te pediré que me la devuelvas, aunque seas la única pueda conseguirlo. Seguiré un camino que no quiero andar, dejaré pasar un tiempo que terminará por borrarme de una playa donde ya se escribieron otros nombres sobre el mío. Sé quien eres, sé quien soy, por lo que es mejor seguir sentado en este banco desde donde escribo, dejando que el sol termine de cegar unos ojos que me ven caminar hacia una oscuridad sin ti, pero siempre conmigo.