Hola;
El de hoy es un ejercicio personal que no va a ser fácil ni improvisado. He decidido hacer esto como una muestra de generosidad y justicia, de forma altruista y bien pensada, sin más motivo que hacerte un poco feliz.
Quiero que sea una especie de regalo, en un día como hoy, a todas esas circunstancias que marcaron una increíble época en mi vida y a la persona que la hizo posible: tú.
Siempre he creído que no hay que permitir que las personas amadas sean olvidadas, más allá de los caprichos del destino.
Tu salvaste mi alma de una vida vacia y solitaria y por ese motivo estoy en deuda contigo. Nunca tuve claro si te tuve y te perdí o simplemente nunca llegué a tenerte, pero solo sé que, desde aquel momento, nada ha sido igual. Quizás, en aquel momento, mi mayor error fue el tener miedo a que nada fuera real y me aferré a la idea de que todo hombre sabe que si quiere conservar a una mujer a su lado para siempre, lo que tiene que hacer es actuar como si pudiera prescindir de ella al día siguiente.
¿Por qué cuesta tanto saber que eres feliz cuando lo eres? Mucha veces creo que somos muy afortunados al desconocer lo que nos deparará el destino, y no saber que, realmente, que aquella es la última vez que le coges la mano, que hueles su pelo, que le das un beso.
A veces me pregunto comó he hecho para sobrevivir todos estos años en que no has formado parte de mi vida y me doy cuenta que lo único que he hecho ha sido no pensar en nada, salvo en ti.
No solo te perdí, sinó que perdí la versión de mí que era contigo. Tú me multiplicaste, sacaste lo mejor de mi ser, encendiste una sonrisa perenne en mi cara, me hiciste mejor persona. Hasta el momento más oscuro y anodino de mi vida conseguiste que se transformara en el mejor día de mi vida, ya que todos esos irrelevantes momentos de mi existencia estuvieron engalanados con tu presencia y mil partes de ti. Llegué a formar mi identidad contigo, nos dispersamos juntos, cogiendo cachitos de cada uno y formando un nuevo todo, y es por eso que dolió tanto cuando te fuiste, por que te perdí a ti y a esa parte de mí que tú supiste construir.
Y no logro encontrar esa parte de mí de nuevo. Lo he intentado, pasar página, seguir adelante, encontrar todo eso que me faltaba, reconstruirme, encontrar una nueva ilusión; pero cada vez que lo he intentado siempre había un problema: no eran tú.
Tenías razón, lo que llega poco a poco siempre es mejor: conocerse y ganarse poco a poco, construir las bases, descubrirse mutuamente. Es curioso pero acabé dándome cuenta, con el paso del tiempo, que no sabía lo que deseaba y al mismo tiempo lo deseaba incesantemente. Si algo me unió a ti no fueron los actos sublimes ni las grandes revelaciones, sinó una acumulación de banalidades, porque no hay nada más significante que un millón de insignificancias. Puedes acostarte con alguien una o mil veces y no significar nada, pero una mañana te despiertas, y ves su cara mirandote, o pensando con la mirada fija en la nada mientras juguetea con su cabello dorado con los dedos, y de repente la amas. Me pregunté muchas veces por qué elegir a alguien tan distinto a uno mismo y que no piensa como tú, y siempre llegué a la misma conclusión: precisamente por eso, porque tú no eras como yo y a la vez eramos iguales.
Hay historias que marcan etapas de nuestras vidas, y aquello y nuestra misma existencia significó un desafio a la convencionalidades de nuestros mundos. Pero por desgracia, las decisiones más importantes en nuestras vidas no las tomamos nosotros, sino que vienen dadas por muchos factores que no solo uno pude controlar.
La cuestión es que no ha sido más duro por perderte después de estar tanto tiempo. El tiempo no importa. Dolería igual igual si te hubiera perdido el mismo día que te conocí. Si no doliera significaría que no había nada. Eso es precisamente el duelo.
Mucha gente piensa que lo opuesto al dolor y la pena es la felicidad, y están equivocados, lo opuesto al dolor, al duelo, es el olvido. En el fondo, qué no es el duelo sino una forma de perseverancia del amor. Por eso, y apesar de todo este tiempo, está bien si me duele, y me duele mucho.
Por ello, y a pesar de todo, quiero darte las gracias. Las gracias por descubrirme que, por una vez en la vida, conseguí sentir una auténtica conexión y una profundidad de sentimientos con alguien como jamás pensé que podía experimentar. Gracias por ofrecerme una felicidad tan inesperada e inmerecida como la que me brindastes tanto tiempo. Darte las gracias por convertirme en una persona puntual, ya que me hiciste descubrir que cada minuto que no estaba contigo era tiempo perdido. Las gracias por hacerme sentir parte de tu vida, por ser lo último en lo que pensaba al irme a dormir y lo primero que me pasaba al despertar. Gracias por tu intensidad, tu pasión, tu interminable y contagiosa energía, y tus actos y expresiones llenos de verdad y devoción, que me hacían sentir único en el mundo. Gracias por copar todos los mejores momentos de mi vida y salir en todos ellos; por el apoyo, por luchar en la misma dirección, por tener la voluntad que a mi me faltaba y acompañarme en mi camino. Gracias por no desfallecer y por no rendirte hasta casi el final. Gracias por descubrirme que lo único que siempre he querido de ti es tu compañía. Y finalmente gracias por crearme este duelo infinito: de haber sido alguien, me alegro que hayas sido tu. Gracias por haberme amado sin habértelo pedido y desmostrármelo sin habérmelo dicho jamás.
Ahora son los sueños los que me dan todo aquello que anhelo y que la realidad me niega. Sé que nadie va a venir a salvarme, pero yo sigo aquí, en la sombras, sin fallar ni un solo día, echándote de menos. Ha pasado mucho tiempo y no he vuelto a ver nada de ti, y a veces me pregunto cómo es posible que pueda acordarme tan bien de tu cara sin haberte visto en años. Pues porque después de besarte tantas veces (tan pocas) la recuerdo como si hubiera sido ayer la última vez. ¿Qué es si no esta sinó la expresión del amor supremo?
Muchas felicidades. En un día tan especial como hoy espero haberte hecho un poco feliz. Cuídate.
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