lunes, 13 de julio de 2026

Capítulo 259: El cambio

Seis meses atípicos, extraños como la felicidad duradera en mi vida. 2026 está siendo un año de cambios en casi todo, aunque no está cambiando casi nada. 

Me ha asentado en mi nueva etapa laboral, he huido de mi etapa espacial y sigo agarrado a la nada en mi interminable etapa emocional.

Nunca me había planteado la soledad como una opción real, más que nada porque soy un animal gregario que necesita de alguien cerca para no perderse en traducción. Pero no lo es lo mismo vivir solo que vivir solo. A vivir solo te acostumbras y luego, cuando toca volver, el regreso es como una hostia a dos manos, pero que se asume con deportividad deseando que lleguen tiempos mejores. Pero vivir solo ya es harina del otro costal. Es una opción que debido a experiencias y cosas de la vida, se está convirtiendo en una opción cada vez más real, ya que cuando te alienas del mundo, la famosa la vuelta atrás ya no es una opción factible. 

En estos seis meses he sido feliz como la pizza, a porciones. Me he dado cuenta que si tienes un poco de suerte el trabajo puede llegar a ser algo que te da más de lo que te puede quitar. He descubierto que tengo más en común con la gente se está empezando formar como persona que con los amargados que se descubrieron hace tiempo y que no han sido capaces de asumir que no son ni un reflejo de que pretendían ser. Prefiero 30 salvajes que te miran a la cara que a tres doctorados con ínfulas que no son capaces de mirarte a los ojos. 

Me he sentido personalmente recompensado, de forma evocadora y espontánea, y ese el mayor regalo que nadie te puede hacer. También he descubierto que el mayor halago, la forma más pura en que nadie puede transmitirte su amor y agradecimiento, es a través de sus lágrimas. He recibido muchas, las he ofrecido por igual. Todavía recuerdo aquellas lágrimas al acabar. Para mí son el bien más preciado y aunque que jamás me explicaste el motivo real, yo sí que lo sé.  

He aprendido muchas cosas en este período de tiempo, sobre todo que algunas lecciones se aprenden como 20 veces en la vida y que es probable que vuelvas a aprenderlas como 20 veces más. Por eso entiendo que los gatos tengan siete vidas y que los escorpiones mueran ahogados a lomos de las ranas: es la naturaleza de cada uno, tal y como has nacido morirás. Por ello he intentado aprender a minimizar daños y a sobrevivir a mi errores compensándolos con aciertos y sonrisas.  

Me he dado cuenta que trabajar es el trankimazin natural de la vida. Cuando no tienes tiempo para ti, el sobre pensar se pone en la lista de cosas que pueden esperar. Es triste descubrir que la integridad estructural de nuestra cordura personal dependa de estar ocupados solucionando problemas ajenos  a cambio de un sueldo a final de mes. 

Han sido seis meses diferentes menos en una cosa. Todo cambia menos lo que no podemos cambiar. Podemos, queremos, qué más da el verbo, ¿no? Una gran porción de la pizza, un pac-man diría yo, ha sido más de lo mismo. Einstein decía que el tiempo es relativo, pues mi corazón es el Interestellar de mi vida: un minuto en este planeta son tres en La Tierra del no volverás. 

Sí, no lo soy, y no sé si alguna volveré a serlo. 

Intenté dinamitarlo, con el libro y con mi corazón de madera a piezas. No hubo lectura, no hubo reconstrucción, y aun así yo sigo esperando que se den cuenta que no hay nadie como yo. Sé lo que diría mi (k)gurú, y también sé que no diría nada. Sabe que la ilusión es todo lo que me queda y no será ella quién apague la llama tintineante de mi vela a medio consumir. Ya la intentó apagar una vez con el mar y ni siquiera eso fue suficiente. 

He cambiado y no he cambiado. Ayer no tenía nada, pero hoy tengo mi Clàudia y mi Martina, mi Anabel, Aína y Ona, las inseparables gemelas de madres distintas Ivette y Noa, y mucha gente más que no duda en salir corriendo para darme un fuerte abrazo cuando me ven. Marcharán con el tiempo, como marchó el resto, pero hoy, de momento,  me siguen perteneciendo. Todos y todas, cada uno y cada una, marcharán de mi vera, como hiciste tú, pero por eso hay cosas que no cambian, porque aunque intenten marchar, yo no les dejaré ir, ¿entiendes?

Tengo que volver a mis orígenes y miedo me da. Volverá alguien diferente al que se fue, pero con las ideas más claras. Antes no me quería ir, ahora lo necesito. 

Respecto a...

Puedes cambiar de teléfono, puedes cambiar tu foto, puedes cambiar de tema, puedes cambiar de vestido. Puedes cambiar de opinión, puedes cambiarme por otro, puedes cambiar de idea, puedes cambiar lo sucedido Puedes cambiar de aspecto, puedes cambiar tus palabras, puedes cambiar de gustos, puedes cambiar el final por otro parecido. Puedes cambiar la historia, puedes cambiar sin aviso, puedes cambiar para mal, puedes cambiar el destino. Por poder puedes cambiarlo todo, menos algo que yo te digo, puedes cambiar cualquier cosa menos cambiar lo que siento, sentiré y he sentido. 

Por otros seis meses de cambios, for good.  




       

lunes, 11 de mayo de 2026

Capítulo 258: El final de una era

Es el final de una era, de la mejor y más intensa parte de mi vida. También el final de la más triste y la más dolorosa. La vida es ambigüedad, dualidad; nadie es inmensamente feliz sin ser terriblemente desgraciado en algún momento. 

Objetivamente no cambia nada, solo es una vuelta más en la insignificante existencia de un ser entre muchos otros. Pero metafóricamente es una despedida emocional de muchos sueños, anhelos y deseos incumplidos que se quedaron por el camino no sin antes desgarrar las últimas esperanzas que quedaban. 

Estoy vivo, me siento bien. Mientras me muevo no pienso, mientras camino recto no veo, mientras me pierdo en banalidades no recuerdo, no recuerdo que no soy feliz. Tendré que aprender a vivir con ello. 

Dejo atrás muchas cosas. Físicamente una exhuberancia que no tuve pero sí sentía dentro de mí al mirarme al espejo. Emocionalmente el sentimiento de que estuve muy cerca de tenerlo todo y se esfumó tal y como llegó. Hoy, en perspectiva, me doy cuenta que solo fue el capricho de una dama con promesas que no tenía intención de cumplir.   

Estar solo me ha permitido saber que lo que quiero es justo el deseo de no estarlo: quedarme solo o estar solo rodeado de gente. No se si aprenderé a vivir con lo que me dicta los tiempos, o si mi inmaduro ser será capaz de no escuchar a esa voz que me dice que he caminado demasiado lejos como para que ahora sea posible volver atrás. 

Estoy aprendiendo a ir por la vida sin cabeza, a que no pensar, no sentir, no aspirar, que es la perfecta medicina para que los soñadores atemporales no fantaseemos con tesoros escondidos si somos capaces de aguantar un poquito más. 

Este inicio de año ha sido extraño, diferente a la rutina que ha marcado el resto de mi existencia. Dicen que con los anuncios no se aprende, pero gracias a ellos he descubierto que sufro el síndrome de la jaula. Psicológicamente me he sentido atrapado en una situación aparentemente ideal, asumiendo que mi felicidad o infelicidad era algo normal, y por ello siempre he temido salir de ella. Soy un pájaro atrapado en una vida idealizada y vulgar, pero segura. Han sido cinco meses de un carrusel de emociones encontradas, de buenos y malos momentos, que me han hecho darme cuenta de una cosa: que soy una personal gris que tiene miedo ser feliz de otra manera y que es demasiado tarde para que pueda cambiar esa forma de pensar.  

Acaba una era y debo soltar lastre. Te voy a dejar atrás porque no puedo vivir de recuerdos que no existen ya, de un cariño que solo fue efímero y casual resultado de caprichosos rayos de sol y lluvia pasajera, de una espera que se ha hecho insoportable y esteril, y que ya no me puedo permitir.   

Mañana será un nuevo día. Hoy es un nuevo día. Cuando no estemos será un nuevo día. Yo seré el viejo Al pero mañana, mañana, nadie me quita que mañana vuelva a desear un nuevo mañana como el de antes. 


martes, 6 de enero de 2026

Capítulo 257: Noche de Reyes Raros Indolentes

Escribí una carta a los Reyes Magos, otra vez. Les pedí lo mismo, otra vez. No me lo traerán, nunca más. 

¿Cuántas veces puede tropezar un ser humano antes de darse cuenta de que la piedra está ahí? ¿Cuántas veces tienen que negarte algo para que te des cuenta de que no va a llegar jamás? ¿Cuánta magia hace falta en este mundo para que tu mayor deseo se haga realidad? Mucha. Muchísima. Interminable. Igual debería buscar a aquellas chicas que se tatuaron "magia" en la muñeca después de visitar Disneyland, pensando que sus vidas podrían ser como las de las princesas de los cuentos de hadas. Cómo nos reímos de aquello, qué poco me río ahora. Como envidio su optimismo e inocencia. A fuego, si hiciera falta, me lo tatuaría ahora.

¿Es posible que los Reyes Magos no me traigan mi regalo porque piensen que no he sido un chico bueno?

He dejado el azúcar, he sido riguroso con mi gimnasio, he cumplido retos impensables años atrás. He estudiado, he trabajado, me he esforzado mucho, afrontando cada dificultad con estoicismo y dedicación. He sido paciente, he intentado ser buen amigo, he mentido por debajo de la media de cualquier ser humano con un mínimo de instinto de supervivencia, he aguantado carros y carretas en cuanto a faltas de respeto, humillación y situaciones injustas. He ido a donde estaban mis amigos y mi familia, en lugar de esperar que ellos vinieran donde estaba yo. He ayudado, he puesto la otra mejilla, he sido empático y me he dejado tomar el pelo. Te he escrito una vez y mil veces más. Te he recordado, te he llevado conmigo en cada momento. ¿Qué debe hacer una persona para merecer algo de cariño y compresión, para ser digno de tan deseado premio?, ¿qué más debo hacer para merecer mi regalo, por mucho que los dioses me lo desaconsejen?

Hoy fui a ver la cabalgata con mi sobrina y su amigo. Está en ese punto incierto donde la magia se confunde con el sentido común y el oportunismo. No eran ojos de emoción, no eran ojos de inocencia, no afrontaban el paso de las carrozas como si los milagros se pudieran desplazar a 5 kilómetros por hora. Estaban ansiosos, sí, pero por los regalos. Por saber qué parte de esa lista interminable de deseos se iban a convertir en realidad. En la carta que escribió me hizo mucha gracia un parágrafo en concreto: pedía, como primer deseo (que igual no el más importante, porque se había encargado de subrayar en fosforito los que tenían PRIORIDAD) que trajeran la Paz para el Mundo. Eso sí, la Paz para el Mundo, pero que a ella, como persona individual que escribía la carta, mejor le trajeran el ordenador portátil (fosforito, fosforito) que había pedido, que es lo más ilusión le hacía. 

Somos buenos, pero no inocentes. Aun así merecemos un poquito de felicidad, una felicidad fruto de lo que más buscamos en esta vida: un sentido para la misma. 

Sea en forma de portátil, en forma de videoconsola, en forma de camiseta de tu equipo favorito o de viaje al lugar de tus sueños. Incluso en forma de cafetera expresso con artilugio extra para hacer espuma de capuccino. Merecemos poder levantarnos una mañana y ver, frente al árbol, frente a la ventana, en la pantalla de tu móvil, en la puerta de tu casa, aquello que haga que todo tu cuerpo sufra una descarga de felicidad tan brutal que se te salten las lágrimas, que pierdas en control de tus emociones y que, de repente y sin poder contenerlo, en tu mente estallen mil fuegos artificiales a la vez. Que sea un momento tan especial y mágico que te haga darte cuenta de que la vida es el parpadeo más maravilloso e inconmensurable que ningún ser vivo pueda imaginar. 

Hoy, el niño pequeño que vive en mí, ha vuelto a tirar la carta. Vuelve a alargar la noche para irse a dormir tan tarde como pueda y así no dar vueltas en la cama  por los nervios, esperando que, como último milagro de la Navidad, sus deseos finalmente se cumplan. Sueña despierto con una noche donde todo sea posible, donde no todas las cosas tengan una explicación, donde hasta los adultos puedan estar equivocados. No hay que perder la fe, no hay que perder la fe. Sigue pensando que hay que creer con todas las fuerzas, y no parar de luchar: va, un poquito más. Yo sé que mi regalo no llegará mañana, como no llegó en ninguna mañana de los últimos años. Lo sé porque esta noche estiré la mano para que cogiera mis ilusiones envueltas en palabras, pero pasó de largo como una colometa que vuela ajena a la llamada, distraída y absorta en la radiante y distante Plaça del Diamant. 

Seguiré cerrando los ojos muy fuerte, hasta que las hostias me hagan despertar. Mientras tanto, ¿seguro que no molesto? Claro que me puedes ayudar... solo te tienes que... 


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Capítulo 256: LA MUJER (THE WOMAN)

A veces, por vicisitudes de la vida, uno tiende a recordar algunas fechas con una precisión especial. La cuestión es que yo, siendo un negado en esta faceta en especial, sí tengo marcadas al menos tres que cambiaron mi vida para siempre. Literalmente. 

La primera, un 12 de mayo, a las 10:15, que es el día y la hora en que nací. Otra, un mediados de marzo de 2015, posiblemente el día 15 o 16, sobre las 12:00 y algo, que fue cuando una enfermera, en un acto de piedad o de inconsciencia, o simplemente resultado de su rutina de trabajo, me dijo que mi madre iba a morir. La siguiente fecha fue un 12 de mayo de 2015, a las 15:14, el momento en que dejo de estar con nosotros. Finalmente, a todas estas fechas, se unió hace poco otra, también negativa, que sucedió un 29 de diciembre a las 14:27. Esta vez, mi mundo salto por los aires con un mensaje y, como en las otras ocasiones, no puede más que sufrir ese dolor en silencio, derrumbándome como un castillo de naipes mientras continuaba con mi vida aparente, aunque carente de todo sentido. 

Antes de ayer, a las 14:27, veía el episodio que considero más redondo de la historia de todas las series. Ya hablé de él años atrás, pero en su momento tenía otro sentido. Quiso la casualidad o tal vez el destino el que volviera a enlazar dos momentos de mi vida pasada en un mismo instante. Es el episodio de "Escándalo en Belgravia" de la serie "Sherlock". En él explican cómo un Sherlock engreído y confiando en sí mismo cae cautivo a los pies de una mujer que le hace perder el sentido y lo transforma en una marioneta enamorada, capaz de hacer todo lo que ella le pida. La mujer es LA MUJER, con mayúsculas, una clase de persona que conoces solo una vez en la vida y que es capaz de paralizarte con su sola presencia. Una mujer con un magnetismo especial, con un poder que va más allá de lo racional. Alguien que, como un caballo de Troya aparentemente inofensivo, se infiltra en ti, te invade, te desarma y acabas rendido y conquistado mucho antes de que te des cuenta. Una mujer que te conoce más allá de lo que tú jamás llegarías a conocerte, un ser que al que debieras temer, pero ante el cual no puedes resistirte, porque cualquier resistencia es en vano. En vano porque, aun sabiendo que no debes y que es un error, correrías hacia ella ciegamente, aunque eso implicara lanzarte a los brazos de la Muerte, aunque ardieras en llamas y ella no fuera más que fuego y perdición. Porque cuando te cruzas con alguien con mayúsculas no hay cabeza, ni instinto de supervivencia, ni voz divina que consiga hacerte cambiar de parecer. Cuando miras a los ojos de alguien así, estás perdido para siempre. 

Ese episodio coincidió con ese día, con esa hora. Muchas veces pienso que nada de aquello fue real, que solo era un juego de LA MUJER para salirse con la suya. Que el amor no estaba en su ecuación, que solo tenía un propósito, un juego minuciosamente planeado para conseguir un objetivo mayor, como hizo Irene Adler. Jugó con Sherlock, lo hizo sentir un pelele, un títere en sus manos, y cuando hubo acabado con él, lo tiró a la basura, sin remordimientos. Fue de una forma fría, impersonal, sin mostrar más sentimiento que una superioridad moral al haber vencido a un hombre que se creía más inteligente y seguro de sí mismo que ninguno. 

Pero como Sherlock, yo también hice una cosa antes de caer: yo también le tomé el pulso

Se pueden fingir muchas cosas, pero no el amor. A ella también se le aceleraba el pulso, también se le dilataban las pupilas. Ella también se dejó llevar por los sentimientos, lo sé. Y a pesar de todo, desapareció. Dejaron de llegar los mensajes. Se esfumó, como lo hizo Irene. Igual es que ella, LA MUJER, era demasiada mujer para lo que le podíamos ofrecer. 

Han pasado ya varios años y, como en aquel episodio, también hubo un mensaje final el día del fatídico aniversario. "Adiós, Sr. Sherlock". Ese debería haber sido mi mensaje. Eso llevaba planeando desde hace ya algún tiempo. Pero me limité a no responder. Igual es porque yo no soy un detective que lo sabe todo, igual es porque pienso demasiado y ya no controlo ni mis propios pensamientos. O tal vez sea porque ella no es la mujer con mayúsculas, la dominatrix que fue capaz de poner de rodillas a un listillo de pacotilla, y no supo calcular las consecuencias. Igual es porque, al final del juego, también se dio cuenta de que pudo haberse equivocado y que, algunas victorias, con el tiempo, no son más que  derrotas disfrazadas. Pero tal vez, si no he respondido, es porque, aunque no sea LA MUJER, para mí sí es La Mujer, y no sé renunciar a ella.

Sigo sin ser capaz de poner fin a todo esto, porque en días como hoy me doy cuenta de que no quiero a nadie, que nadie me importa lo suficiente, pero cuando alguien me pregunta con quién te gustaría compartir los últimos minutos del año, solo me viene un nombre: su nombre sin mayúsculas. 

       

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Capítulo 255: 5th November (V de Ve...)

En construcción.  

Capítulo 254: Shit November

Ha empezado un noviembre diferente para mí. No he esperado a Año Nuevo para tomar la decisión de ponerme a prueba. A raíz de todo el cúmulo de desdichados sucesos acaecidos en estos últimos tiempos, he creído necesario empezar ya con mi epopeya. 

Hace un año y medio quise demostrarme a mí mismo que era capaz de hacer ciertos sacrificios y seguir a rajatabla algún propósito que mejorara mi vida de forma sustancial. En ese momento fue dejar el azúcar, con todo lo que eso implicaba para una persona como yo, y lo conseguí. Ahora tengo la necesidad de afrontar un reto mayor, algo que ponga a prueba mis límites como individuo. 

A pesar de que estas últimas semanas han sido muy duras a nivel emocional, me he planteado una serie de normas, códigos y deberes a seguir, con el objetivo de autoimponerme una disciplina y una cultura del esfuerzo que me convierta en una persona más resiliente y abnegada. Pretendo cambiar el nivel de dificultad de mi vida a uno mayor, para ver si así logro convertirme en una persona lo suficientemente dura como para poder sobrellevar, de forma estoica, un presente que puede conmigo por momentos. 

He decidido rediseñar mi escala de prioridades, relegando lo superfluo y placeres inmediatos a posiciones más irrelevantes, y tocar fondo definitivamente, marcando mi punto de partida desde el punto más bajo. 

Todo esto implica que se acabó procrastinar, uno de mis mayores defectos. También será el mes del NNN, y a buen entendedor ...

Quiero reunir el valor suficiente para dejar de poner paños calientes a una herida que no deja de sangrar. Afrontar la realidad de cara, luchar contra el miedo y el dolor de algo que no puedo perder porque ya lo perdí hace tiempo. 

Reconocer, asumir y olvidar todo aquello que no es mi camino. 

Me he comprometido a llevar a cabo un reto mayúsculo en mi formación personal, que va a suponer cinco meses de durísimo esfuerzo, falta de horas de sueño y mucho trabajo. Seguiré aprendiendo que luchar y darlo todo por algo no implica obtener una recompensa final, ya que este reto es incierto, y si fracaso, lo volveré a intentar.   

Quiero recuperar ciertos lazos de sangre, sin pensar en un pasado deudor. 


Apenas llevo cinco días de mes y ya han pasado mil cosas que han puesto a prueba la integridad de mi proyecto, pero sigo sin flaquear. No va a ser fácil porque he renunciado a la mitad de las cosas que me evadían y me hacían feliz, y esto apenas ha comenzado, pero pienso ser firme. 

Estoy concienciado y preparado, y muy dispuesto a autoconocerme y a comprobar de qué pasta estoy hecho. Soy tan cabezón que, aunque resulte absurdo a ojos ajenos, llevaré todo esto hasta las últimas consecuencias. Para ello tengo una ventaja: llevo tanto tiempo obligado a renunciar a todo lo que más quería y tengo tan poca fe en las personas, que nada ni nadie me puede ya decepcionar. 

Como decía aquel, teme al hombre que no tiene nada, porque no tiene nada que perder.  


 

viernes, 31 de octubre de 2025

Capítulo 253: Vaya castaña

La noche de la Castañada, la noche de Halloween. Aquí estoy, solo con mis fantasmas, ¿hay algo más aterrador?