Seis meses atípicos, extraños como la felicidad duradera en mi vida. 2026 está siendo un año de cambios en casi todo, aunque no está cambiando casi nada.
Me ha asentado en mi nueva etapa laboral, he huido de mi etapa espacial y sigo agarrado a la nada en mi interminable etapa emocional.
Nunca me había planteado la soledad como una opción real, más que nada porque soy un animal gregario que necesita de alguien cerca para no perderse en traducción. Pero no lo es lo mismo vivir solo que vivir solo. A vivir solo te acostumbras y luego, cuando toca volver, el regreso es como una hostia a dos manos, pero que se asume con deportividad deseando que lleguen tiempos mejores. Pero vivir solo ya es harina del otro costal. Es una opción que debido a experiencias y cosas de la vida, se está convirtiendo en una opción cada vez más real, ya que cuando te alienas del mundo, la famosa la vuelta atrás ya no es una opción factible.
En estos seis meses he sido feliz como la pizza, a porciones. Me he dado cuenta que si tienes un poco de suerte el trabajo puede llegar a ser algo que te da más de lo que te puede quitar. He descubierto que tengo más en común con la gente se está empezando formar como persona que con los amargados que se descubrieron hace tiempo y que no han sido capaces de asumir que no son ni un reflejo de que pretendían ser. Prefiero 30 salvajes que te miran a la cara que a tres doctorados con ínfulas que no son capaces de mirarte a los ojos.
Me he sentido personalmente recompensado, de forma evocadora y espontánea, y ese el mayor regalo que nadie te puede hacer. También he descubierto que el mayor halago, la forma más pura en que nadie puede transmitirte su amor y agradecimiento, es a través de sus lágrimas. He recibido muchas, las he ofrecido por igual. Todavía recuerdo aquellas lágrimas al acabar. Para mí son el bien más preciado y aunque que jamás me explicaste el motivo real, yo sí que lo sé.
He aprendido muchas cosas en este período de tiempo, sobre todo que algunas lecciones se aprenden como 20 veces en la vida y que es probable que vuelvas a aprenderlas como 20 veces más. Por eso entiendo que los gatos tengan siete vidas y que los escorpiones mueran ahogados a lomos de las ranas: es la naturaleza de cada uno, tal y como has nacido morirás. Por ello he intentado aprender a minimizar daños y a sobrevivir a mi errores compensándolos con aciertos y sonrisas.
Me he dado cuenta que trabajar es el trankimazin natural de la vida. Cuando no tienes tiempo para ti, el sobre pensar se pone en la lista de cosas que pueden esperar. Es triste descubrir que la integridad estructural de nuestra cordura personal dependa de estar ocupados solucionando problemas ajenos a cambio de un sueldo a final de mes.
Han sido seis meses diferentes menos en una cosa. Todo cambia menos lo que no podemos cambiar. Podemos, queremos, qué más da el verbo, ¿no? Una gran porción de la pizza, un pac-man diría yo, ha sido más de lo mismo. Einstein decía que el tiempo es relativo, pues mi corazón es el Interestellar de mi vida: un minuto en este planeta son tres en La Tierra del no volverás.
Sí, no lo soy, y no sé si alguna volveré a serlo.
Intenté dinamitarlo, con el libro y con mi corazón de madera a piezas. No hubo lectura, no hubo reconstrucción, y aun así yo sigo esperando que se den cuenta que no hay nadie como yo. Sé lo que diría mi (k)gurú, y también sé que no diría nada. Sabe que la ilusión es todo lo que me queda y no será ella quién apague la llama tintineante de mi vela a medio consumir. Ya la intentó apagar una vez con el mar y ni siquiera eso fue suficiente.
He cambiado y no he cambiado. Ayer no tenía nada, pero hoy tengo mi Clàudia y mi Martina, mi Anabel, Aína y Ona, las inseparables gemelas de madres distintas Ivette y Noa, y mucha gente más que no duda en salir corriendo para darme un fuerte abrazo cuando me ven. Marcharán con el tiempo, como marchó el resto, pero hoy, de momento, me siguen perteneciendo. Todos y todas, cada uno y cada una, marcharán de mi vera, como hiciste tú, pero por eso hay cosas que no cambian, porque aunque intenten marchar, yo no les dejaré ir, ¿entiendes?
Tengo que volver a mis orígenes y miedo me da. Volverá alguien diferente al que se fue, pero con las ideas más claras. Antes no me quería ir, ahora lo necesito.
Respecto a...
Puedes cambiar de teléfono, puedes cambiar tu foto, puedes cambiar de tema, puedes cambiar de vestido. Puedes cambiar de opinión, puedes cambiarme por otro, puedes cambiar de idea, puedes cambiar lo sucedido Puedes cambiar de aspecto, puedes cambiar tus palabras, puedes cambiar de gustos, puedes cambiar el final por otro parecido. Puedes cambiar la historia, puedes cambiar sin aviso, puedes cambiar para mal, puedes cambiar el destino. Por poder puedes cambiarlo todo, menos algo que yo te digo, puedes cambiar cualquier cosa menos cambiar lo que siento, sentiré y he sentido.
Por otros seis meses de cambios, for good.