jueves, 29 de octubre de 2026

Capítulo 269: Carta 53ª: V29

Hola;

El de hoy es un ejercicio personal que no va a ser fácil ni improvisado. He decidido hacer esto como una muestra de generosidad y justicia, de forma altruista y bien pensada, sin más motivo que hacerte un poco feliz.

Quiero que sea una especie de regalo, en un día como hoy, a todas esas circunstancias que marcaron una increíble época en mi vida y a la persona que la hizo posible: tú. 

Siempre he creído que no hay que permitir que las personas amadas sean olvidadas, más allá de los caprichos del destino. 

Tu salvaste mi alma de una vida vacia y solitaria y por ese motivo estoy en deuda contigo. Nunca tuve claro si te tuve y te perdí o simplemente nunca llegué a tenerte, pero solo sé que, desde aquel momento, nada ha sido igual. Quizás, en aquel momento, mi mayor error fue el tener miedo a que nada fuera real y me aferré a la idea de que todo hombre sabe que si quiere conservar a una mujer a su lado para siempre, lo que tiene que hacer es actuar como si pudiera prescindir de ella al día siguiente. 

¿Por qué cuesta tanto saber que eres feliz cuando lo eres? Mucha veces creo que somos muy afortunados al desconocer lo que nos deparará el destino, y no saber que, realmente, que aquella es la última vez que le coges la mano, que hueles su pelo, que le das un beso. 

A veces me pregunto comó he hecho para sobrevivir todos estos años en que no has formado parte de mi vida y me doy cuenta que lo único que he hecho ha sido no pensar en nada, salvo en ti. 

No solo te perdí, sinó que perdí la versión de mí que era contigo. Tú me multiplicaste, sacaste lo mejor de mi ser, encendiste una sonrisa perenne en mi cara, me hiciste mejor persona. Hasta el momento más oscuro y anodino de mi vida conseguiste que se transformara en el mejor día de mi vida, ya que todos esos irrelevantes momentos de mi existencia estuvieron engalanados con tu presencia y mil partes de ti. Llegué a formar mi identidad contigo, nos dispersamos juntos, cogiendo cachitos de cada uno y formando un nuevo todo, y es por eso que dolió tanto cuando te fuiste, por que te perdí a ti y a esa parte de mí que tú supiste construir. 

Y no logro encontrar esa parte de mí de nuevo. Lo he intentado, pasar página, seguir adelante, encontrar todo eso que me faltaba, reconstruirme, encontrar una nueva ilusión; pero cada vez que lo he intentado siempre había un problema: no eran tú. 

Tenías razón, lo que llega poco a poco siempre es mejor: conocerse y ganarse poco a poco, construir las bases, descubrirse mutuamente. Es curioso pero acabé dándome cuenta, con el paso del tiempo, que no sabía lo que deseaba y al mismo tiempo lo deseaba incesantemente. Si algo me unió a ti no fueron los actos sublimes ni las grandes revelaciones, sinó una acumulación de banalidades, porque no hay nada más significante que un millón de insignificancias. Puedes acostarte con alguien una o mil veces y no significar nada, pero una mañana te despiertas, y ves su cara mirandote, o pensando con la mirada fija en la nada mientras juguetea con su cabello dorado con los dedos, y de repente la amas. Me pregunté muchas veces por qué elegir a alguien tan distinto a uno mismo y que no piensa como tú, y siempre llegué a la misma conclusión: precisamente por eso, porque tú no eras como yo y a la vez eramos iguales. 

Hay historias que marcan etapas de nuestras vidas, y aquello y nuestra misma existencia significó un desafio a la convencionalidades de nuestros mundos. Pero por desgracia, las decisiones más importantes en nuestras vidas no las tomamos nosotros, sino que vienen dadas por muchos factores que no solo uno pude controlar. 

La cuestión es que no ha sido más duro por perderte después de estar tanto tiempo. El tiempo no importa. Dolería igual igual si te hubiera perdido el mismo día que te conocí. Si no doliera significaría que no había nada. Eso es precisamente el duelo. 

Mucha gente piensa que lo opuesto al dolor y la pena es la felicidad, y están equivocados, lo opuesto al dolor, al duelo, es el olvido. En el fondo, qué no es el duelo sino una forma de perseverancia del amor. Por eso, y apesar de todo este tiempo, está bien si me duele, y me duele mucho.  

Por ello, y a pesar de todo, quiero darte las gracias. Las gracias por descubrirme que, por una vez en la vida, conseguí sentir una auténtica conexión y una profundidad de sentimientos con alguien como jamás pensé que podía experimentar. Gracias por ofrecerme una felicidad tan inesperada e inmerecida como la que me brindastes tanto tiempo. Darte las gracias por convertirme en una persona puntual, ya que me hiciste descubrir que cada minuto que no estaba contigo era tiempo perdido. Las gracias por hacerme sentir parte de tu vida, por ser lo último en lo que pensaba al irme a dormir y lo primero que me pasaba al despertar. Gracias por tu intensidad, tu pasión, tu interminable y contagiosa energía, y tus actos y expresiones llenos de verdad y devoción, que me hacían sentir único en el mundo. Gracias por copar todos los mejores momentos de mi vida y salir en todos ellos; por el apoyo, por luchar en la misma dirección, por tener la voluntad que a mi me faltaba y acompañarme en mi camino. Gracias por no desfallecer y por no rendirte hasta casi el final. Gracias por descubrirme que lo único que siempre he querido de ti es tu compañía. Y finalmente gracias por crearme este duelo infinito: de haber sido alguien, me alegro que hayas sido tu. Gracias por haberme amado sin habértelo pedido y desmostrármelo sin habérmelo dicho jamás.

Ahora son los sueños los que me dan todo aquello que anhelo y que la realidad me niega. Sé que nadie va a venir a salvarme, pero yo sigo aquí, en la sombras, sin fallar ni un solo día, echándote de menos. Ha pasado mucho tiempo y no he vuelto a ver nada de ti, y a veces me pregunto cómo es posible que pueda acordarme tan bien de tu cara sin haberte visto en años. Pues porque después de besarte tantas veces (tan pocas) la recuerdo como si hubiera sido ayer la última vez. ¿Qué es si no esta sinó la expresión del amor supremo?

Muchas felicidades. En un día tan especial como hoy espero haberte hecho un poco feliz. Cuídate. 

  


  

martes, 20 de octubre de 2026

Capítulo 268: Y mientras tanto

No está siendo un buen año. 

Me siento un extraño en cualquier lado, como si no perteneciera ya a ningún lugar. Ya no tengo ese espacio de confort donde recuperar fuerzas, donde hacerme un ovillo y olvidarme de todo cuando se viene mi mundo abajo.  

Miro atrás y me doy cuenta de todo lo que se está quedando por el camino. Perdí a mi madre, que era el apoyo de mi vida: mi tranquilidad, el amor incondicional, esa palabra amable, el cobijo durante la tormenta. Ahora han conseguido que ya no pueda llamar hogar a la casa donde nací. He perdido ese lugar donde esconderme y hacerme pequeño, donde aislarme de todo y conseguir renacer de mis cenizas cuando ya no queda nada más. 

Pero curiosamente, lo que menos tiempo tuve, es lo que más echo de menos. 

Ayer, viendo un programa de televisión, sonó una canción que tenía algo olvidada. Formaba parte de un momento de mi vida que quedó enterrado hace mucho tiempo, el cual no añoro porque, aunque fue importante, nunca fue especial. A pesar de todo, como en toda etapa en la vida, aprendí muchas cosas y me descubrieron otras tantas. Entre ellas aprendí a sentir curiosidad por todos aquellos mundos de los que era ajeno y a extraer enseñanzas nuevas de hasta las cosas más triviales. Así descubrí ese grupo y esa canción, una canción que he rememorado de forma mágica y que ha calado, como tuviera sentido de repente, en mi estado anímico actual. Siempre son otras voces las que gritan todo aquello que yo me niego a aceptar.

Y es que la vida es así, impasible y directa, desprovista de sutilezas y florituras a la hora de recordarte cuál es tu lugar. Es como K, que a base de hostias y visicitudes, ha aprendido a ser pragmática y no engaña a nadie. Hará un mes de nuestro último encuentro y todos sus augurios y profecías se han vuelto dogma. No sé quién es más bruja, si quien predijo qué era lo mejor que podía ocurrir o quien escuchó sus palabras y desapareció inexorablemente desde aquel instante.  

La cuestión es que ahora me siento como ese ciervo que cruza la carretera en mitad de la noche y que queda deslumbrado por las luces de un coche que se dirige velozmente hacia él, mientras, absorto y paralizado en mitad de la nada, observa impotente como se acerca su inevitable final. 

Voy a ser un espectador privilegiado de la que va a ser mi propia tragedia y lo peor de todo es que, mientras tanto, veo la vida pasar... 


 

Mi indiferencia natural
Curtida en mil batallas contra la pereza
Borrar del mapa todo amor
Porque en mi vida todo acaba como empieza

Y en plan travesti radical
Le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto me cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Pasado el tiempo sigo igual
A veces pienso que he perdido la cabeza
Y algunos días sin razón
Ya ni me late el corazón
En esta cárcel de rencor

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto me cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Siempre he sido fuerte
Aunque a veces he dudado
Si la suerte no se ha reído de mí

 

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Capítulo 267: Cuidado con lo que deseas porque...

...se puede hacer realidad. 

Al final resultó que el video que me encontré aquella mañana, de forma tan aleatoria y casual, no significaba lo que parecía a primera vista.

El chico de capucha no era el enfermo, era yo. La Parca no venía a llevarse al chico, sino al lobo. El lobo no defendía al chico, sino que lo quería para si mismo, con la cabeza gacha y sumiso, esclavo de su miedo y su ira. Resultó que la Parca quería liberar al pobre muchacho de las garras de la injusticia y de su propio amor por alguien que le estaba haciendo daño, pero fracasó. 

Me he dado cuenta que mi vida es un poco así. Estoy a merced de personas que no me quieren y que me hacen daño, de las que no puedo huir porque sufro una especie de Síndrome de Estocolmo. No sé querer a las personas correctas. No puedo aceptar que, por mucho que yo dé mi vida por ellas, ellas no quieran darla por mí. 

Creo que simplemente les gusta tener el control de mis sentimientos. Saben cómo manipularme, cómo mantenerme, qué darme a cada momento para que nunca rompa los lazos de un amor que es solo unidireccional. Yo he provocado eso, me he dejado llevar por la aceptación y el amor de personas que dando lo justo, consiguen que nunca pueda soltarles la mano. 

Me siento como ese perro abandonado, huerfano del calor que tuvo antaño, que siempre vuelve al hogar en el que un día alguien lo llamó buen chico. Y ese es el problema, que con muy poco yo me siento agradecido y soy capaz de volver una y otra vez por fidelidad a ese amor pasajero que sintieron un día por mí. 

Es doloroso saber que soy tan dependiente, que soy tan devoto de quien una vez me dió de comer y me hizo sentir querido, y que ahora, una vez abandonado y apaleado, sea capaz de volver arrastrándose a la puerta de sus casas por un puñado de sobras y dos palabras zalameras, desprovistas de cariño y de verdad. 

Han sido unas semanas muy largas, de muchas emociones encontradas y mucho sufrimiento. Y ahora, tras el huracán, tras ese momento de shock donde no duele ni pesa nada, todo me cae de golpe. Ahora necesito todo ese amor que ha dado yo estos días, todas esas palabras esperanzadoras y ánimos con lo que he cubierto a todos los que tenían miedo o se sentían perdidos. Y no las encuentro. 

Es muy duro darte cuenta que, en el momento donde tu vida está a punto de cambiar de una forma tan radical y donde nada puede volver a ser igual, mi única preocupación fuera decirle que sentía mucho no haber estado por ella, y que mis pensamientos y mis ganas volvieran al lugar donde no se me quiere, no se me recuerda y no se me desea. 

¿Por qué se cumplen todos los deseos menos el único que quiero con más fuerzas?

Igual porque algunos deseos no son lo que parecen y ya se sabe, cuidado con lo que deseas porque... 

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

martes, 1 de septiembre de 2026

Capítulo 265: Se va

Muchas veces desee que marchara. La ira, la impotencia, la injusticia… muchos fueron los motivos que me lo hicieron pensar. Nunca crees que pasará, pero ese día llega y de repente te das cuenta que ya todo es inevitable.

Y ese día ha llegado.

Escucho decirlo a los lejos, mientras escriben su nombre:

-“Se llama José Juan O…”

Se llama. Todavía se llama.

Siempre quise escribir sobre las últimas veces: las últimas veces que hicimos algo y no fuimos conscientes de ello. He pensado en muchas ocasiones que me hubiera gustado saber que iba a ser así, que iba a ser la última y tener la oportunidad de saborear ese último momento, hacerlo eterno, especial.

Y ahora estoy aquí, sentado sobre una maleta de medicamentos en un rincón de la unidad de cuidados intensivos coronarios, esperando que alguien me diga algo.

Ten cuidado con lo que deseas en esta vida porque a veces se puede hacer realidad. 

El hacerse mayor implica empezar a acumular demasiadas experiencias de este tipo. Mi abuelo, mi abuela, mi madre, y ahora él. Los recuerdos de todos esos procesos afloran y empeoran ese sentimiento de impotencia y tristeza. Ver marchar a la gente, recordar sus últimos momentos, la forma de afrontar el final, las frases, los gestos, las miradas.

Son la peores horas, cuando sabes que el resultado es inevitable, pero debes encararlo con fortaleza y con una máscara para que esa persona piense que no todo está perdido, que se saldrá de esta, que hay esperanza.

Estoy muy cansado de ella, de la maldición de la esperanza, porque lo único que aporta es una falsa sensación de bienestar y confianza, cuando lo que se necesita es tener los pies en el suelo  para afrontar con valor y realidad el tiempo que te queda con las circunstancias de verdad.

No se ha aportado bien conmigo, pero no deseo que se vaya. No así, no ahora, no con la sensación de que la otra persona que me dio la vida desparece sin haber encontrado la paz conmigo.

Sigue aquí, las posibilidades de salir de este son escasas y el futuro oscuro y aciago. Es posible que este sea el final de una época para todos, y todo lo que conocía y lo que era mi vida desaparezca de la noche a la mañana. Mi destino está atado a la persona que menos me ha querido, y yo, sin embargo, lo miro y lloro por él, porque él, él ES mi padre.

jueves, 13 de agosto de 2026

Capítulo 264: El eclipse total del corazón

Estoy a minutos del final del camino. Una simple respuesta pondrá fin a todo un espejismo de luces y sombras. Se hará la oscuridad perpetua mientras su corona estelar de reina matará, con esos últimos rayos de sol, mi esperanza.

Dicen que los animales notan y sufren las consecuencias de los eclipses. El cambio súbito que supone pasar de la luz absoluta a una noche repentina causa alteraciones en sus ciclos circadianos, hecho que provoca inquietud y desconcierto hasta el punto de llevarlos a un extremo de ansiedad y confusión vital inexplicable.

Yo estoy sufriendo eso ahora. Hoy se ha roto una tregua de facto que separaba el mundo banal de nuestras vidas del personal, en esta historia que agoniza pero que nunca muere. Puede que fuera el eclipse, puede que fuera que mi estado de ánimo que no se puede permitir seguir viviendo una montaña rusa de sentimientos, donde paso de una euforia irrefrenable en las subidas y a un vacío inabarcable en las bajadas. Puede que, como animal salvaje e iracundo que soy, toda esta desorientación pasajera haya provocado que hoy terminara por reunir las fuerzas necesarias para no alargar más este sufrimiento en vano. Quizá porque los eclipses exaltan los sentidos más irracionales y primarios en las bestias, hoy pude mirar al Sol directamente.

Me he venido aquí, a … No, no lo he visto. Te gustaría todo esto. Tienes que venir. Inspiración. Ojos cerrados. Exhalación. Angustia. Bilis.

Como un animal acorralado, encadenado a un fatídico destino, así me he sentido al recibir la dentellada y no poder más que reaccionar aceptando el funesto combate final. 

¿Con quién has ido?

Respiración entrecortada, el corazón desbocado, cada latido de espera una explosión interior incontenible. Va a llegar el momento, crónica de una muerte anunciada. Que caiga sobre mí, que se acabe ya todo esto. Mátame. Si has de hacerlo, hazlo ya.

Y mientras esperaba el golpe final y se escapaba el último haz de luz que sumía todo mi mundo en una oscuridad infinita, la Luna me tendió la mano. Ahora entiendo por qué los lobos la veneran a pesar de estar tan lejos y ser tan inalcanzable. La respuesta no fue él, fue ella.

Y sin saber muy bien cómo, la noche cerrada e infinita, volvió a ser luz y día. Sí, un día breve y efímero, con las horas contadas, pero de nuevo día. No sé si la Luna mintió y me engañó con un juego de luces para que pudiera seguir soñando con un nuevo amanecer, o si la verdad ya solo parece un conjunto de reflejos de ciegan mi percepción. Solo sé que el animal simple que soy, tras la oscuridad del eclipse, volvió a su naturaleza indómita y combativa al ver que, fuera el motivo por el que fuera, la Luna igual no quería que se marchara y tal vez sentía cierto calor con aquellos aullidos con los que incesablemente la llamaban.


El eclipse no fue arena y sudor sobre una toalla en una playa abarrotada.

El eclipse no fue una muralla de jubilados impasibles bloqueando la vista del lugar donde estaba sin importarles nada.

El eclipse no fueron nubes inoportunas y celosas que emborronaron el cielo por no ser el centro de atención de tantas almas y miradas.

El eclipse no fue que alguno quisiera ser el protagonista no invitado gritando sobre el castigo divino, Jesús y demás patochadas.

El eclipse es que al final, mire donde mire, siempre veo tu cara, y que en mi vida, tú, siempre omnipresente, eclipsas todo lo que piense, todo lo que haga.




Y te necesito ahora esta noche
Y te necesito más que nunca
Y si tan solo me abrazas fuerte
Nos mantendremos unidos para siempre
Y estaremos haciendo lo correcto
Porque nunca nos equivocaremos
Juntos, podemos llegar hasta el final del camino
Tu amor es como una sombra sobre mí todo el tiempo (Todo el tiempo)
No sé qué hacer y siempre estoy en la oscuridad
Vivimos en un polvorín y soltamos chispas
Realmente te necesito esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche

lunes, 27 de julio de 2026

Capítulo 260: Sisu

Sisu es una palabra finlandesa intraducible. Etimológicamente, el término proviene de la raíz sisus que significa "interior" o "dentro". Su traducción, de una forma más o menos literal, se puede definir como "tener agallas", "tener estómago", o tener "fuerza interior". Básicamente, este término está referido a todas aquellas personas que tienen una actitud orientada a la acción. 

Para los finlandeses, gente resiliente y de valor inquebrantable, tener sisu implica demostrar su determinación estoica, su resistencia, su coraje, su valentía, su fuerza de voluntad, tenacidad y capacidad de recuperación. Según ellos, uno no se jacta de tener sisu, sino que dejan que sean sus acciones las que hablen en su nombre. 

Una persona que tiene sisu es una persona que es capaz de seguir adelante cuando ya no hay esperanza. Sisu es demostrar una especie de coraje firme, determinado y tenaz, necesario en situaciones donde se precisa ganar sí o sí. 

Tener sisu implica mostrar una iniciativa y resolución frente a la adversidad y decidir sobre los pasos que hay que tomar, para luego mantener dicha decisión contra viento y marea. Sisu es forjar tu propia identidad y un espíritu de lucha más allá de toda razón, sin flaquear, sin rendirse, sin quebrarse; en pos de aquello que tanto deseas, aunque esté todo perdido. 

¿Tengo sisu?