martes, 8 de septiembre de 2026

Capítulo 267: Cuidado con lo que deseas porque...

...se puede hacer realidad. 

Al final resultó que el video que me encontré aquella mañana, de forma tan aleatoria y casual, no significaba lo que parecía a primera vista.

El chico de capucha no era el enfermo, era yo. La Parca no venía a llevarse al chico, sino al lobo. El lobo no defendía al chico, sino que lo quería para si mismo, con la cabeza gacha y sumiso, esclavo de su miedo y su ira. Resultó que la Parca quería liberar al pobre muchacho de las garras de la injusticia y de su propio amor por alguien que le estaba haciendo daño, pero fracasó. 

Me he dado cuenta que mi vida es un poco así. Estoy a merced de personas que no me quieren y que me hacen daño, de las que no puedo huir porque sufro una especie de Síndrome de Estocolmo. No sé querer a las personas correctas. No puedo aceptar que, por mucho que yo dé mi vida por ellas, ellas no quieran darla por mí. 

Creo que simplemente les gusta tener el control de mis sentimientos. Saben cómo manipularme, cómo mantenerme, qué darme a cada momento para que nunca rompa los lazos de un amor que es solo unidireccional. Yo he provocado eso, me he dejado llevar por la aceptación y el amor de personas que dando lo justo, consiguen que nunca pueda soltarles la mano. 

Me siento como ese perro abandonado, huerfano del calor que tuvo antaño, que siempre vuelve al hogar en el que un día alguien lo llamó buen chico. Y ese es el problema, que con muy poco yo me siento agradecido y soy capaz de volver una y otra vez por fidelidad a ese amor pasajero que sintieron un día por mí. 

Es doloroso saber que soy tan dependiente, que soy tan devoto de quien una vez me dió de comer y me hizo sentir querido, y que ahora, una vez abandonado y apaleado, sea capaz de volver arrastrándose a la puerta de sus casas por un puñado de sobras y dos palabras zalameras, desprovistas de cariño y de verdad. 

Han sido unas semanas muy largas, de muchas emociones encontradas y mucho sufrimiento. Y ahora, tras el huracán, tras ese momento de shock donde no duele ni pesa nada, todo me cae de golpe. Ahora necesito todo ese amor que ha dado yo estos días, todas esas palabras esperanzadoras y ánimos con lo que he cubierto a todos los que tenían miedo o se sentían perdidos. Y no las encuentro. 

Es muy duro darte cuenta que, en el momento donde tu vida está a punto de cambiar de una forma tan radical y donde nada puede volver a ser igual, mi única preocupación fuera decirle que sentía mucho no haber estado por ella, y que mis pensamientos y mis ganas volvieran al lugar donde no se me quiere, no se me recuerda y no se me desea. 

¿Por qué se cumplen todos los deseos menos el único que quiero con más fuerzas?

Igual porque algunos deseos no son lo que parecen y ya se sabe, cuidado con lo que deseas porque... 

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

martes, 1 de septiembre de 2026

Capítulo 265: Se va

Muchas veces desee que marchara. La ira, la impotencia, la injusticia… muchos fueron los motivos que me lo hicieron pensar. Nunca crees que pasará, pero ese día llega y de repente te das cuenta que ya todo es inevitable.

Y ese día ha llegado.

Escucho decirlo a los lejos, mientras escriben su nombre:

-“Se llama José Juan O…”

Se llama. Todavía se llama.

Siempre quise escribir sobre las últimas veces: las últimas veces que hicimos algo y no fuimos conscientes de ello. He pensado en muchas ocasiones que me hubiera gustado saber que iba a ser así, que iba a ser la última y tener la oportunidad de saborear ese último momento, hacerlo eterno, especial.

Y ahora estoy aquí, sentado sobre una maleta de medicamentos en un rincón de la unidad de cuidados intensivos coronarios, esperando que alguien me diga algo.

Ten cuidado con lo que deseas en esta vida porque a veces se puede hacer realidad. 

El hacerse mayor implica empezar a acumular demasiadas experiencias de este tipo. Mi abuelo, mi abuela, mi madre, y ahora él. Los recuerdos de todos esos procesos afloran y empeoran ese sentimiento de impotencia y tristeza. Ver marchar a la gente, recordar sus últimos momentos, la forma de afrontar el final, las frases, los gestos, las miradas.

Son la peores horas, cuando sabes que el resultado es inevitable, pero debes encararlo con fortaleza y con una máscara para que esa persona piense que no todo está perdido, que se saldrá de esta, que hay esperanza.

Estoy muy cansado de ella, de la maldición de la esperanza, porque lo único que aporta es una falsa sensación de bienestar y confianza, cuando lo que se necesita es tener los pies en el suelo  para afrontar con valor y realidad el tiempo que te queda con las circunstancias de verdad.

No se ha aportado bien conmigo, pero no deseo que se vaya. No así, no ahora, no con la sensación de que la otra persona que me dio la vida desparece sin haber encontrado la paz conmigo.

Sigue aquí, las posibilidades de salir de este son escasas y el futuro oscuro y aciago. Es posible que este sea el final de una época para todos, y todo lo que conocía y lo que era mi vida desaparezca de la noche a la mañana. Mi destino está atado a la persona que menos me ha querido, y yo, sin embargo, lo miro y lloro por él, porque él, él ES mi padre.

jueves, 13 de agosto de 2026

Capítulo 264: El eclipse total del corazón

Estoy a minutos del final del camino. Una simple respuesta pondrá fin a todo un espejismo de luces y sombras. Se hará la oscuridad perpetua mientras su corona estelar de reina matará, con esos últimos rayos de sol, mi esperanza.

Dicen que los animales notan y sufren las consecuencias de los eclipses. El cambio súbito que supone pasar de la luz absoluta a una noche repentina causa alteraciones en sus ciclos circadianos, hecho que provoca inquietud y desconcierto hasta el punto de llevarlos a un extremo de ansiedad y confusión vital inexplicable.

Yo estoy sufriendo eso ahora. Hoy se ha roto una tregua de facto que separaba el mundo banal de nuestras vidas del personal, en esta historia que agoniza pero que nunca muere. Puede que fuera el eclipse, puede que fuera que mi estado de ánimo que no se puede permitir seguir viviendo una montaña rusa de sentimientos, donde paso de una euforia irrefrenable en las subidas y a un vacío inabarcable en las bajadas. Puede que, como animal salvaje e iracundo que soy, toda esta desorientación pasajera haya provocado que hoy terminara por reunir las fuerzas necesarias para no alargar más este sufrimiento en vano. Quizá porque los eclipses exaltan los sentidos más irracionales y primarios en las bestias, hoy pude mirar al Sol directamente.

Me he venido aquí, a … No, no lo he visto. Te gustaría todo esto. Tienes que venir. Inspiración. Ojos cerrados. Exhalación. Angustia. Bilis.

Como un animal acorralado, encadenado a un fatídico destino, así me he sentido al recibir la dentellada y no poder más que reaccionar aceptando el funesto combate final. 

¿Con quién has ido?

Respiración entrecortada, el corazón desbocado, cada latido de espera una explosión interior incontenible. Va a llegar el momento, crónica de una muerte anunciada. Que caiga sobre mí, que se acabe ya todo esto. Mátame. Si has de hacerlo, hazlo ya.

Y mientras esperaba el golpe final y se escapaba el último haz de luz que sumía todo mi mundo en una oscuridad infinita, la Luna me tendió la mano. Ahora entiendo por qué los lobos la veneran a pesar de estar tan lejos y ser tan inalcanzable. La respuesta no fue él, fue ella.

Y sin saber muy bien cómo, la noche cerrada e infinita, volvió a ser luz y día. Sí, un día breve y efímero, con las horas contadas, pero de nuevo día. No sé si la Luna mintió y me engañó con un juego de luces para que pudiera seguir soñando con un nuevo amanecer, o si la verdad ya solo parece un conjunto de reflejos de ciegan mi percepción. Solo sé que el animal simple que soy, tras la oscuridad del eclipse, volvió a su naturaleza indómita y combativa al ver que, fuera el motivo por el que fuera, la Luna igual no quería que se marchara y tal vez sentía cierto calor con aquellos aullidos con los que incesablemente la llamaban.


El eclipse no fue arena y sudor sobre una toalla en una playa abarrotada.

El eclipse no fue una muralla de jubilados impasibles bloqueando la vista del lugar donde estaba sin importarles nada.

El eclipse no fueron nubes inoportunas y celosas que emborronaron el cielo por no ser el centro de atención de tantas almas y miradas.

El eclipse no fue que alguno quisiera ser el protagonista no invitado gritando sobre el castigo divino, Jesús y demás patochadas.

El eclipse es que al final, mire donde mire, siempre veo tu cara, y que en mi vida, tú, siempre omnipresente, eclipsas todo lo que piense, todo lo que haga.




Y te necesito ahora esta noche
Y te necesito más que nunca
Y si tan solo me abrazas fuerte
Nos mantendremos unidos para siempre
Y estaremos haciendo lo correcto
Porque nunca nos equivocaremos
Juntos, podemos llegar hasta el final del camino
Tu amor es como una sombra sobre mí todo el tiempo (Todo el tiempo)
No sé qué hacer y siempre estoy en la oscuridad
Vivimos en un polvorín y soltamos chispas
Realmente te necesito esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche
La eternidad va a comenzar esta noche

lunes, 27 de julio de 2026

Capítulo 260: Sisu

Sisu es una palabra finlandesa intraducible. Etimológicamente, el término proviene de la raíz sisus que significa "interior" o "dentro". Su traducción, de una forma más o menos literal, se puede definir como "tener agallas", "tener estómago", o tener "fuerza interior". Básicamente, este término está referido a todas aquellas personas que tienen una actitud orientada a la acción. 

Para los finlandeses, gente resiliente y de valor inquebrantable, tener sisu implica demostrar su determinación estoica, su resistencia, su coraje, su valentía, su fuerza de voluntad, tenacidad y capacidad de recuperación. Según ellos, uno no se jacta de tener sisu, sino que dejan que sean sus acciones las que hablen en su nombre. 

Una persona que tiene sisu es una persona que es capaz de seguir adelante cuando ya no hay esperanza. Sisu es demostrar una especie de coraje firme, determinado y tenaz, necesario en situaciones donde se precisa ganar sí o sí. 

Tener sisu implica mostrar una iniciativa y resolución frente a la adversidad y decidir sobre los pasos que hay que tomar, para luego mantener dicha decisión contra viento y marea. Sisu es forjar tu propia identidad y un espíritu de lucha más allá de toda razón, sin flaquear, sin rendirse, sin quebrarse; en pos de aquello que tanto deseas, aunque esté todo perdido. 

¿Tengo sisu?

lunes, 13 de julio de 2026

Capítulo 259: El cambio

Seis meses atípicos, extraños como la felicidad duradera en mi vida. 2026 está siendo un año de cambios en casi todo, aunque no está cambiando casi nada. 

Me ha asentado en mi nueva etapa laboral, he huido de mi etapa espacial y sigo agarrado a la nada en mi interminable etapa emocional.

Nunca me había planteado la soledad como una opción real, más que nada porque soy un animal gregario que necesita de alguien cerca para no perderse en traducción. Pero no lo es lo mismo vivir solo que vivir solo. A vivir solo te acostumbras y luego, cuando toca volver, el regreso es como una hostia a dos manos, pero que se asume con deportividad deseando que lleguen tiempos mejores. Pero vivir solo ya es harina del otro costal. Es una opción que debido a experiencias y cosas de la vida, se está convirtiendo en una opción cada vez más real, ya que cuando te alienas del mundo, la famosa la vuelta atrás ya no es una opción factible. 

En estos seis meses he sido feliz como la pizza, a porciones. Me he dado cuenta que si tienes un poco de suerte el trabajo puede llegar a ser algo que te da más de lo que te puede quitar. He descubierto que tengo más en común con la gente se está empezando formar como persona que con los amargados que se descubrieron hace tiempo y que no han sido capaces de asumir que no son ni un reflejo de que pretendían ser. Prefiero 30 salvajes que te miran a la cara que a tres doctorados con ínfulas que no son capaces de mirarte a los ojos. 

Me he sentido personalmente recompensado, de forma evocadora y espontánea, y ese el mayor regalo que nadie te puede hacer. También he descubierto que el mayor halago, la forma más pura en que nadie puede transmitirte su amor y agradecimiento, es a través de sus lágrimas. He recibido muchas, las he ofrecido por igual. Todavía recuerdo aquellas lágrimas al acabar. Para mí son el bien más preciado y aunque que jamás me explicaste el motivo real, yo sí que lo sé.  

He aprendido muchas cosas en este período de tiempo, sobre todo que algunas lecciones se aprenden como 20 veces en la vida y que es probable que vuelvas a aprenderlas como 20 veces más. Por eso entiendo que los gatos tengan siete vidas y que los escorpiones mueran ahogados a lomos de las ranas: es la naturaleza de cada uno, tal y como has nacido morirás. Por ello he intentado aprender a minimizar daños y a sobrevivir a mi errores compensándolos con aciertos y sonrisas.  

Me he dado cuenta que trabajar es el trankimazin natural de la vida. Cuando no tienes tiempo para ti, el sobre pensar se pone en la lista de cosas que pueden esperar. Es triste descubrir que la integridad estructural de nuestra cordura personal dependa de estar ocupados solucionando problemas ajenos  a cambio de un sueldo a final de mes. 

Han sido seis meses diferentes menos en una cosa. Todo cambia menos lo que no podemos cambiar. Podemos, queremos, qué más da el verbo, ¿no? Una gran porción de la pizza, un pac-man diría yo, ha sido más de lo mismo. Einstein decía que el tiempo es relativo, pues mi corazón es el Interestellar de mi vida: un minuto en este planeta son tres en La Tierra del no volverás. 

Sí, no lo soy, y no sé si alguna volveré a serlo. 

Intenté dinamitarlo, con el libro y con mi corazón de madera a piezas. No hubo lectura, no hubo reconstrucción, y aun así yo sigo esperando que se den cuenta que no hay nadie como yo. Sé lo que diría mi (k)gurú, y también sé que no diría nada. Sabe que la ilusión es todo lo que me queda y no será ella quién apague la llama tintineante de mi vela a medio consumir. Ya la intentó apagar una vez con el mar y ni siquiera eso fue suficiente. 

He cambiado y no he cambiado. Ayer no tenía nada, pero hoy tengo mi Clàudia y mi Martina, mi Anabel, Aína y Ona, las inseparables gemelas de madres distintas Ivette y Noa, y mucha gente más que no duda en salir corriendo para darme un fuerte abrazo cuando me ven. Marcharán con el tiempo, como marchó el resto, pero hoy, de momento,  me siguen perteneciendo. Todos y todas, cada uno y cada una, marcharán de mi vera, como hiciste tú, pero por eso hay cosas que no cambian, porque aunque intenten marchar, yo no les dejaré ir, ¿entiendes?

Tengo que volver a mis orígenes y miedo me da. Volverá alguien diferente al que se fue, pero con las ideas más claras. Antes no me quería ir, ahora lo necesito. 

Respecto a...

Puedes cambiar de teléfono, puedes cambiar tu foto, puedes cambiar de tema, puedes cambiar de vestido. Puedes cambiar de opinión, puedes cambiarme por otro, puedes cambiar de idea, puedes cambiar lo sucedido Puedes cambiar de aspecto, puedes cambiar tus palabras, puedes cambiar de gustos, puedes cambiar el final por otro parecido. Puedes cambiar la historia, puedes cambiar sin aviso, puedes cambiar para mal, puedes cambiar el destino. Por poder puedes cambiarlo todo, menos algo que yo te digo, puedes cambiar cualquier cosa menos cambiar lo que siento, sentiré y he sentido. 

Por otros seis meses de cambios, for good.  




       

lunes, 11 de mayo de 2026

Capítulo 258: El final de una era

Es el final de una era, de la mejor y más intensa parte de mi vida. También el final de la más triste y la más dolorosa. La vida es ambigüedad, dualidad; nadie es inmensamente feliz sin ser terriblemente desgraciado en algún momento. 

Objetivamente no cambia nada, solo es una vuelta más en la insignificante existencia de un ser entre muchos otros. Pero metafóricamente es una despedida emocional de muchos sueños, anhelos y deseos incumplidos que se quedaron por el camino no sin antes desgarrar las últimas esperanzas que quedaban. 

Estoy vivo, me siento bien. Mientras me muevo no pienso, mientras camino recto no veo, mientras me pierdo en banalidades no recuerdo, no recuerdo que no soy feliz. Tendré que aprender a vivir con ello. 

Dejo atrás muchas cosas. Físicamente una exhuberancia que no tuve pero sí sentía dentro de mí al mirarme al espejo. Emocionalmente el sentimiento de que estuve muy cerca de tenerlo todo y se esfumó tal y como llegó. Hoy, en perspectiva, me doy cuenta que solo fue el capricho de una dama con promesas que no tenía intención de cumplir.   

Estar solo me ha permitido saber que lo que quiero es justo el deseo de no estarlo: quedarme solo o estar solo rodeado de gente. No se si aprenderé a vivir con lo que me dicta los tiempos, o si mi inmaduro ser será capaz de no escuchar a esa voz que me dice que he caminado demasiado lejos como para que ahora sea posible volver atrás. 

Estoy aprendiendo a ir por la vida sin cabeza, a que no pensar, no sentir, no aspirar, que es la perfecta medicina para que los soñadores atemporales no fantaseemos con tesoros escondidos si somos capaces de aguantar un poquito más. 

Este inicio de año ha sido extraño, diferente a la rutina que ha marcado el resto de mi existencia. Dicen que con los anuncios no se aprende, pero gracias a ellos he descubierto que sufro el síndrome de la jaula. Psicológicamente me he sentido atrapado en una situación aparentemente ideal, asumiendo que mi felicidad o infelicidad era algo normal, y por ello siempre he temido salir de ella. Soy un pájaro atrapado en una vida idealizada y vulgar, pero segura. Han sido cinco meses de un carrusel de emociones encontradas, de buenos y malos momentos, que me han hecho darme cuenta de una cosa: que soy una personal gris que tiene miedo ser feliz de otra manera y que es demasiado tarde para que pueda cambiar esa forma de pensar.  

Acaba una era y debo soltar lastre. Te voy a dejar atrás porque no puedo vivir de recuerdos que no existen ya, de un cariño que solo fue efímero y casual resultado de caprichosos rayos de sol y lluvia pasajera, de una espera que se ha hecho insoportable y esteril, y que ya no me puedo permitir.   

Mañana será un nuevo día. Hoy es un nuevo día. Cuando no estemos será un nuevo día. Yo seré el viejo Al pero mañana, mañana, nadie me quita que mañana vuelva a desear un nuevo mañana como el de antes.