martes, 20 de octubre de 2026

Capítulo 268: Y mientras tanto

No está siendo un buen año. 

Me siento un extraño en cualquier lado, como si no perteneciera ya a ningún lugar. Ya no tengo ese espacio de confort donde recuperar fuerzas, donde hacerme un ovillo y olvidarme de todo cuando se viene mi mundo abajo.  

Miro atrás y me doy cuenta de todo lo que se está quedando por el camino. Perdí a mi madre, que era el apoyo de mi vida: mi tranquilidad, el amor incondicional, esa palabra amable, el cobijo durante la tormenta. Ahora han conseguido que ya no pueda llamar hogar a la casa donde nací. He perdido ese lugar donde esconderme y hacerme pequeño, donde aislarme de todo y conseguir renacer de mis cenizas cuando ya no queda nada más. 

Pero curiosamente, lo que menos tiempo tuve, es lo que más echo de menos. 

Ayer, viendo un programa de televisión, sonó una canción que tenía algo olvidada. Formaba parte de un momento de mi vida que quedó enterrado hace mucho tiempo, el cual no añoro porque, aunque fue importante, nunca fue especial. A pesar de todo, como en toda etapa en la vida, aprendí muchas cosas y me descubrieron otras tantas. Entre ellas aprendí a sentir curiosidad por todos aquellos mundos de los que era ajeno y a extraer enseñanzas nuevas de hasta las cosas más triviales. Así descubrí ese grupo y esa canción, una canción que he rememorado de forma mágica y que ha calado, como tuviera sentido de repente, en estado anímico actual. Siempre son otras voces las que gritan todo aquello que yo me niego a aceptar.

Y es que la vida es así, impasible y directa, desprovista de sutilezas y florituras a la hora de recordarte cuál es tu lugar. Es como K, que a base de hostias y visicitudes, ha aprendido a ser pragmática y no engaña a nadie. Hará un mes de nuestro último encuentro y todos sus augurios y profecías se han vuelto dogma. No sé quién es más bruja, si quien predijo qué era lo mejor que podía ocurrir o quien escuchó sus palabras y desapareció inexorablemente desde aquel instante.  

La cuestión es que ahora me siento como ese ciervo que cruza la carretera en mitad de la noche y que queda deslumbrado por las luces de un coche que se dirige velozmente hacia él, mientras, absorto y paralizado en mitad de la nada, observa impotente como se acerca su inevitable final. 

Voy a ser un espectador privilegiado de la que va a ser mi propia tragedia y lo peor de todo es que, mientras tanto, veo la vida pasar... 


 

Mi indiferencia natural
Curtida en mil batallas contra la pereza
Borrar del mapa todo amor
Porque en mi vida todo acaba como empieza

Y en plan travesti radical
Le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto me cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Pasado el tiempo sigo igual
A veces pienso que he perdido la cabeza
Y algunos días sin razón
Ya ni me late el corazón
En esta cárcel de rencor

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto me cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Siempre he sido fuerte
Aunque a veces he dudado
Si la suerte no se ha reído de mí

 

 

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