No hace falta saber leer las líneas de las manos ni mirar a las estrellas esperando la gran respuesta. El destino y los buenos o malos augurios nacen, crecen y se marchitan en las fértiles tierras del pasado. Solo hay que tener un poco de retrospectiva y saber mirar a la gente a los ojos.
Es un año más, ni más importante ni más especial, solo el año que nos toca vivir, que no es poco. La gente, en esta noche, siempre suele preguntar por tu lista de propositos u objetivos a cumplir en la nueva etapa, y se sorprenden si esos propositos no son grandilocuentes o no están llenos de significados especiales y ganas de erradicar malas costumbres.
¿Y si el proposito es solo aguantar? , ¿y si la idea es hacerse fuerte para lo que te viene encima, que no siempre es bueno o donde no siempre tienes un papel principal que asumir?.
El pasado es un sabio consejero de viaje, un acompañante que te baja los pies al suelo y te recuerda que lo que nunca fue nunca será. Es ese espejo donde todo se ve distorsionado y borroso, pero que muestra un reflejo más acertado de la realidad de lo que un futuro soñado pueda llegar a ser.
Ahora el Presente me agarra por la garganta como si de un lobo hambriento se tratara, asiéndo con fuerza mi yugular, ahogándome lenta e inexorablemente. No sé si fue el momento o el lugar, pero no se puede empezar de cero sin hacer saltar todo por los aires, incluso a uno mismo.
Es una sensación horrible, pero necesaria, aunque solo sea moralmente. No puedes abandonar un año con el lastre del anterior, no puedes sonreir a la vida cuando ella, la propia vida, pasa junto de ti pero sin ti.
Mi propósito ha sido decir basta, y lo peor de todo es que no lo he hecho de forma premeditada, que me imagino que ni me atrevía, simplemente pasó. Cuando te callas una vez, asumen que es un bonito gesto, cuando te callas dos, honran tu generosidad, pero cuando son tres, asumen que no tienes queja y a partir de ahí estableces una patente de corso que te vuelve a ti proscrito cuando dices esta boca es mía.
Por la vida puedes pasar destelleando, brillando a tal intensidad que la fría luz que desprendes ciegue a cuantos te rodeen, los cuales acaban idolatrándote devotamente. O puedes pasar sumido en una discreta impercepción que solo, cuando estás muy cerca, haga palpable tu presencia y calor, por que al fin y al cabo, la esencia vital de seres así es estar, no relucir. Y a mí es que las polillas, como que no, que son muy superfluas.
Es posible que pierda grandes cosas, pero nunca se pierde lo que no se te da. Si algo he aprendido este año es precisamente una lección que no por vieja pierde su gran valor: "Si algo quieres, consíguelo tú". El resto es vivir de prestado.
Y por si alguien usa los consejos ajenos y se siente huerfano de propositos realizables, mis dos regalos a sumar a mi lista de deudas y agravios a pagar eternamente.
- Vive con lo justo, prioriza, minimiza, cuando algo te duela o te hiera, redúcelo todo a la mínima potencia, nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Lo único que tenemos es a nosotros mismos, y la autorealizacion es un gran punto de partida para ser feliz.
- No esperes nada de nadie, es la única manera de no llevarse decepciones. Lo que venga, eso que te llevas, y si no, releer punto 1.
A todo uno se acostumbra, y a años malos y te quieros con la boca pequeña, la mochila llena.
Feliz 2015, que seguro que son 365 vueltas sobre nosotros mismos de lo más mareantes.
Frase del día: "Sé cuanto he perdido esta noche, pero no sé cuanto he ganado, misterio para el 2015" (Al tal día como hoy)
-Se me olvidó tirar de la cadena.
jueves, 1 de enero de 2015
martes, 21 de agosto de 2012
Capítulo 114: Las siete plagas de Egipto
Nunca he sido una de esas personas creyentes que dejan en manos de Dios sus vidas cuando las cosas van mal o necesitan intervención divina urgentemente. Ni siquiera me considero agnóstico, la idea de un ser superior que nos controla y vigila desde los cielos me da bastante cosica, de ahí que hasta los 20 me cambiara en los gimnasios con la toalla anudada a la cintura (cabe decir que he llegado a pensar que, para un Ser Superior, la Tierra debe ser como tener internet de banda ancha donde poder ver porno en directo a todas horas. Con razón no se suele inmiscuir en nuestras vidas, debe estar super ocupado haciéndose sus cosas celestiales. Ama a tu prójimo como a ti mismo, ya ya, ahora lo pillo).
Así que solo me quedó abrazar el ateísmo, la solución más rápida y racional, a pesar de que cuando pego un fogueteo que otro, suelo mirar arriba y pienso "¿te gusta así, granujilla?" y me hecho la manta por encima para dejar a "to dios" a dos velas.
Y es posible que esta aprensión a creer en lo sobre natural sea uno de los motivos por los cuales este fin de semana ha sido una calamitosa odisea de castigos bíblicos y un sin fin de males a la vieja usanza. He sufrido las siete plagas de Egipto en apenas dos días y todo por no liberar a mi mente y perder la fe en religiones donde los creyentes esperan sin fruto que sus plegarias sean escuchadas y sus Dioses mueren de formas artísticas y creativas.
Este fue mi peregrinaje por las cunetas del Señor:
I - Las Trompetas de Jericó
En el metro, camino a la Tierra Prometida, empecé a leer tranquilamente sentado en mi asiento. Justo en la primera parada de la ruta, entró un ser peculiar con un carrito de la compra. No le hice mucho caso y seguí en mi fortaleza particular de lectura y concentración. Y de repente, saca un micro de la nada y una amenaza sacude todo el vagón: "Buenas tardes señoras y señores, les voy a deleitar con un poco de mi arte" y se arranca el tío con una canción al estilo Nino Bravo latino espeluznante. Cerré el libro resignado porque leer ciencia ficción con una base en plan "dejaré mis tierras por tiiiii" resulta surrealista en extremo. Aguanté estoicamente sus berridos hasta que decidió dejar de torturar a nuestro vagón y despedirse con una enigmática frase: "-Muchas gracias por escucharme". "-No, gracias a ti por haberme obligado, campeón".
Las murallas de mi paciencia quedaron hechas añicos, por no hablar mis oídos. Pero tanto sufrimiento me llevó a una reflexión. Un día de estos, entraré en el metro, me dirigiré al mundo latino con música sin cascos y les diré: "Buenas tardes siniores y sinioras, les voy a deleitar con un poco de cultura" y empezaré "El Mundodisco giraba sobre el resplandeciente telón de fondo del espacio, dando vueltas muy despacito sobre lomos de los cuatro elefantes gigantes que...". Sí a mí me meten karaoke por la fuerza, yo leo en voz alta, con dos cojones.
II - Las Cartas del Destino
Una vez con toda la familia, tarde o temprano, siempre llega el gran momento. En nuestra corte faraónica se anuncia, así de solemne, el acontecimiento: "Coger las cartas que os voy a sacar todo el dinero". Con una amenaza por delante, marcando territorio. Desgraciadamente suele ser verdad. Nos reunimos en torno al tapete y con una apuesta de euro por partida, se dan las cartas. Repartir equivale a tener que jugar obligatoriamente tengas lo que tengas, con lo que la suerte depende de como te las des tú a ti mismo. Tan grande es el acojone y el temor a una mala mano, que el cortar es sagrado. No hacerlo y perder la partida se ve como una maldición profética.
No sé si gané o perdí, yo solo recuerdo que no dejaba de meter monedas en el centro de la mesa y ver a mi madre recogerlas y sonreirnos a todos. Sigo pensando que no sé en que momento dejó de ser divertido jugar con garbanzos, como se ha hecho toda la vida.
III - Fuego Canicular
Hace siglos que no voy a la playa, así que la playa decidió venir a mí, pero de incógnito. Soy blanco de piel, pecoso y con cero afición por ponerme moreno a costa de sufrimiento innecesario, pero ayer domingo el sol supo encontrarme. Descargó toda su ira sobre mi pellejo, mientras creía estar a salvo. Me engañó con alguna nube y con el darme de refilón como quien no quiere la cosa. Me achicharró en apenas una hora. Pero lo hizo como Jackson Pollock, expresionismo abstracto usando mi cuerpo como lienzo. Me arden los hombros como si fuera una vitrocerámica a pleno rendimiento, los brazos son como dos bengalas de niños, con zonas rojas y blancas resplandecientes, y mis piernas tienen zonas abrasadas donde Torquemada disfrutaría como un enano torturándome pasando el dedo. Fuego sobre mí, en plena ola de calor...
IV - Las Voces
Una voz de fondo todo el fin de semana. Una voz que no calla, no cesa. Una voz que entra y sale a su antojo, acallando otras voces. Un brum-brum constante, que está allí y aquí contando chascarrillos, frases de repertorio y ocurrencias. Hasta que no consigue una atención total del público, mete cuña hasta la saciedad. Esas voces que harían saltar desde el pico de una pirámide al mismísimo Santo Job o darle unas ganas de reír absurdas. Y que nunca haya visto afónico a mi padre, qué cosas.
V - Inundaciones
Y sin más, el mar se abrió y empezó a llevarse infieles por delante. No es que yo sea infiel, pero debo tener pinta de ser amigo de alguno, porque subieron las mareas y de repente, agua a tutti plen. En pleno agosto. Y es que alguien liberó a Wally por el water, y al tirar de la cadena, avalancha. El depósito decidió que no daba más de sí y cada vez que se abría un grifo, como Concha Velasco, sufría perdidas. Nos dimos cuenta demasiado tarde. Para un día que fregamos la cocina en equipo mi sister y yo, y provocamos simulacro de fin del Mundo Maya acuático. La casa hace bajada y mi habitación se convirtió en un lago improvisado. Entré con chanclas y por poco me quedo allí, puesto que tenía un alargo conectado a un enchufe y le faltaba medio milímetro de agua para hacer contacto con la parte que había en el suelo. Realmente he vuelto a nacer.
VI - Las Hormigas y los Mosquitos
De estar achicando agua como en el Titanic pasé a estar achicando pequeñas cabronas con antenas. Una marabunta de mini hormigas habían invadido la despensa. Las muy perras se estaban llevando 200 gramos de magdalenas artesanas, cacho a cacho. Mis magdalenas favoritas, aquellas que no desayuné para poder merendarme con ganas y hueco en el estómago. No suelo ser muy titismiquis con los insectos, pero las desvergonzadas empezaron a subir por mis piernas, viéndome tan tostadito y crujiente, y en minutos me picaba todo. Al final todas desaparecieron tal como habían llegado, pero ir a dormir la siesta con picores en la espalda, sin saber si es por culpa de sol o las hormigas, es una experiencia que no se vende ni en un viaje al África profunda.
La cuestión es que, al levantarme, ya sin picores de hormigas, me picaron los mosquitos. Pero no los mosquitos de toda la vida, sino los importados, los tigre, con extra de veneno de serie. Ni irradiando calor como si fuera la central de Fukushima, los mosquitos se cortaron de pegarse unos tintos de verano a mi salud, o a costa de ella. A esas horas de la tarde estaba hecho un cromo. Os aseguro que no hay cosa más adherente que un tipo con crema aftersun, Autan contra los mosquitos, crema para relajar las picaduras y sudando como un pollo.
VII - La Peste
Como suele pasar en estos casos, si la cosa puede ir a peor, empeora. Al final de la tarde mi padre decidió solucionar el problema del emboce del depósito con un albañil amigo suyo, mientras mi madre le hacía palomitas de microondas sabor mantequilla a la mujer e hijos pequeños del mismo. Conclusión, por un lado se quemaron las palomitas y no se podía respirar dentro de casa debido a la peste a maiz chamuscado, mientras que fuera, al desembozar el pozo con agua a presión, empezó a volar (literalmente) mierda y papel y parecía como si hubiera estallado una letrina de hippies en Woodstock. Yo, que echaba una mano a ambas partes, no sabía si entrar o salir, ni en que punto tenía que coger aire para aguantar la respiración.
Así que si alguien os dice, ir al campo, huir de la ciudad para respirar aire puro, os tiráis un pedo en su cara de mi parte.
Y así fue como me volví un poco más religioso para que las plagas de este mundo no volvieran a azotarme de forma indiscriminada. Señor, e aquí una prueba de mi nueva fe: ¡Me cago en Dios y en los espontáneos del metro, me cago en Dios y en el copón de oros cuando va a espadas, me cago en Dios y en las vueltas que doy en la cama como si durmiera sobre chinchetas por culpa de mi moreno infiernal, por Dios papá, cállate un rato, me cago en Dios y en que sea él el único que pueda caminar sobre las aguas, me cago en Dios y en los bichos que se toman mi sangre y mi pan como si fuera una misa insectoide y me cago en Dios y su sentido del humor con los olores!
Acabo de atorar de nuevo mi retrete de la religión, ojalá un día Dios me perdone.
Frase del día: "Mira, un martín pescador, su pelaje es impermeable" (Frank de la Jungla)
-Más que de la jungla debería ser Paco el del Pueblo, ¿un pájaro pelaje? Plumaje, lechón. Ya te lo digo yo, llevar crocs por la selva no es la tontería más grande que se le ha ocurrido.
Así que solo me quedó abrazar el ateísmo, la solución más rápida y racional, a pesar de que cuando pego un fogueteo que otro, suelo mirar arriba y pienso "¿te gusta así, granujilla?" y me hecho la manta por encima para dejar a "to dios" a dos velas.
Y es posible que esta aprensión a creer en lo sobre natural sea uno de los motivos por los cuales este fin de semana ha sido una calamitosa odisea de castigos bíblicos y un sin fin de males a la vieja usanza. He sufrido las siete plagas de Egipto en apenas dos días y todo por no liberar a mi mente y perder la fe en religiones donde los creyentes esperan sin fruto que sus plegarias sean escuchadas y sus Dioses mueren de formas artísticas y creativas.
Este fue mi peregrinaje por las cunetas del Señor:
I - Las Trompetas de Jericó
En el metro, camino a la Tierra Prometida, empecé a leer tranquilamente sentado en mi asiento. Justo en la primera parada de la ruta, entró un ser peculiar con un carrito de la compra. No le hice mucho caso y seguí en mi fortaleza particular de lectura y concentración. Y de repente, saca un micro de la nada y una amenaza sacude todo el vagón: "Buenas tardes señoras y señores, les voy a deleitar con un poco de mi arte" y se arranca el tío con una canción al estilo Nino Bravo latino espeluznante. Cerré el libro resignado porque leer ciencia ficción con una base en plan "dejaré mis tierras por tiiiii" resulta surrealista en extremo. Aguanté estoicamente sus berridos hasta que decidió dejar de torturar a nuestro vagón y despedirse con una enigmática frase: "-Muchas gracias por escucharme". "-No, gracias a ti por haberme obligado, campeón".
Las murallas de mi paciencia quedaron hechas añicos, por no hablar mis oídos. Pero tanto sufrimiento me llevó a una reflexión. Un día de estos, entraré en el metro, me dirigiré al mundo latino con música sin cascos y les diré: "Buenas tardes siniores y sinioras, les voy a deleitar con un poco de cultura" y empezaré "El Mundodisco giraba sobre el resplandeciente telón de fondo del espacio, dando vueltas muy despacito sobre lomos de los cuatro elefantes gigantes que...". Sí a mí me meten karaoke por la fuerza, yo leo en voz alta, con dos cojones.
II - Las Cartas del Destino
Una vez con toda la familia, tarde o temprano, siempre llega el gran momento. En nuestra corte faraónica se anuncia, así de solemne, el acontecimiento: "Coger las cartas que os voy a sacar todo el dinero". Con una amenaza por delante, marcando territorio. Desgraciadamente suele ser verdad. Nos reunimos en torno al tapete y con una apuesta de euro por partida, se dan las cartas. Repartir equivale a tener que jugar obligatoriamente tengas lo que tengas, con lo que la suerte depende de como te las des tú a ti mismo. Tan grande es el acojone y el temor a una mala mano, que el cortar es sagrado. No hacerlo y perder la partida se ve como una maldición profética.
No sé si gané o perdí, yo solo recuerdo que no dejaba de meter monedas en el centro de la mesa y ver a mi madre recogerlas y sonreirnos a todos. Sigo pensando que no sé en que momento dejó de ser divertido jugar con garbanzos, como se ha hecho toda la vida.
III - Fuego Canicular
Hace siglos que no voy a la playa, así que la playa decidió venir a mí, pero de incógnito. Soy blanco de piel, pecoso y con cero afición por ponerme moreno a costa de sufrimiento innecesario, pero ayer domingo el sol supo encontrarme. Descargó toda su ira sobre mi pellejo, mientras creía estar a salvo. Me engañó con alguna nube y con el darme de refilón como quien no quiere la cosa. Me achicharró en apenas una hora. Pero lo hizo como Jackson Pollock, expresionismo abstracto usando mi cuerpo como lienzo. Me arden los hombros como si fuera una vitrocerámica a pleno rendimiento, los brazos son como dos bengalas de niños, con zonas rojas y blancas resplandecientes, y mis piernas tienen zonas abrasadas donde Torquemada disfrutaría como un enano torturándome pasando el dedo. Fuego sobre mí, en plena ola de calor...
IV - Las Voces
Una voz de fondo todo el fin de semana. Una voz que no calla, no cesa. Una voz que entra y sale a su antojo, acallando otras voces. Un brum-brum constante, que está allí y aquí contando chascarrillos, frases de repertorio y ocurrencias. Hasta que no consigue una atención total del público, mete cuña hasta la saciedad. Esas voces que harían saltar desde el pico de una pirámide al mismísimo Santo Job o darle unas ganas de reír absurdas. Y que nunca haya visto afónico a mi padre, qué cosas.
V - Inundaciones
Y sin más, el mar se abrió y empezó a llevarse infieles por delante. No es que yo sea infiel, pero debo tener pinta de ser amigo de alguno, porque subieron las mareas y de repente, agua a tutti plen. En pleno agosto. Y es que alguien liberó a Wally por el water, y al tirar de la cadena, avalancha. El depósito decidió que no daba más de sí y cada vez que se abría un grifo, como Concha Velasco, sufría perdidas. Nos dimos cuenta demasiado tarde. Para un día que fregamos la cocina en equipo mi sister y yo, y provocamos simulacro de fin del Mundo Maya acuático. La casa hace bajada y mi habitación se convirtió en un lago improvisado. Entré con chanclas y por poco me quedo allí, puesto que tenía un alargo conectado a un enchufe y le faltaba medio milímetro de agua para hacer contacto con la parte que había en el suelo. Realmente he vuelto a nacer.
VI - Las Hormigas y los Mosquitos
De estar achicando agua como en el Titanic pasé a estar achicando pequeñas cabronas con antenas. Una marabunta de mini hormigas habían invadido la despensa. Las muy perras se estaban llevando 200 gramos de magdalenas artesanas, cacho a cacho. Mis magdalenas favoritas, aquellas que no desayuné para poder merendarme con ganas y hueco en el estómago. No suelo ser muy titismiquis con los insectos, pero las desvergonzadas empezaron a subir por mis piernas, viéndome tan tostadito y crujiente, y en minutos me picaba todo. Al final todas desaparecieron tal como habían llegado, pero ir a dormir la siesta con picores en la espalda, sin saber si es por culpa de sol o las hormigas, es una experiencia que no se vende ni en un viaje al África profunda.
La cuestión es que, al levantarme, ya sin picores de hormigas, me picaron los mosquitos. Pero no los mosquitos de toda la vida, sino los importados, los tigre, con extra de veneno de serie. Ni irradiando calor como si fuera la central de Fukushima, los mosquitos se cortaron de pegarse unos tintos de verano a mi salud, o a costa de ella. A esas horas de la tarde estaba hecho un cromo. Os aseguro que no hay cosa más adherente que un tipo con crema aftersun, Autan contra los mosquitos, crema para relajar las picaduras y sudando como un pollo.
VII - La Peste
Como suele pasar en estos casos, si la cosa puede ir a peor, empeora. Al final de la tarde mi padre decidió solucionar el problema del emboce del depósito con un albañil amigo suyo, mientras mi madre le hacía palomitas de microondas sabor mantequilla a la mujer e hijos pequeños del mismo. Conclusión, por un lado se quemaron las palomitas y no se podía respirar dentro de casa debido a la peste a maiz chamuscado, mientras que fuera, al desembozar el pozo con agua a presión, empezó a volar (literalmente) mierda y papel y parecía como si hubiera estallado una letrina de hippies en Woodstock. Yo, que echaba una mano a ambas partes, no sabía si entrar o salir, ni en que punto tenía que coger aire para aguantar la respiración.
Así que si alguien os dice, ir al campo, huir de la ciudad para respirar aire puro, os tiráis un pedo en su cara de mi parte.
Y así fue como me volví un poco más religioso para que las plagas de este mundo no volvieran a azotarme de forma indiscriminada. Señor, e aquí una prueba de mi nueva fe: ¡Me cago en Dios y en los espontáneos del metro, me cago en Dios y en el copón de oros cuando va a espadas, me cago en Dios y en las vueltas que doy en la cama como si durmiera sobre chinchetas por culpa de mi moreno infiernal, por Dios papá, cállate un rato, me cago en Dios y en que sea él el único que pueda caminar sobre las aguas, me cago en Dios y en los bichos que se toman mi sangre y mi pan como si fuera una misa insectoide y me cago en Dios y su sentido del humor con los olores!
Acabo de atorar de nuevo mi retrete de la religión, ojalá un día Dios me perdone.
Frase del día: "Mira, un martín pescador, su pelaje es impermeable" (Frank de la Jungla)
-Más que de la jungla debería ser Paco el del Pueblo, ¿un pájaro pelaje? Plumaje, lechón. Ya te lo digo yo, llevar crocs por la selva no es la tontería más grande que se le ha ocurrido.
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