Muchas veces desee que marchara. La ira, la impotencia, la injusticia… muchos fueron los motivos que me lo hicieron pensar. Nunca crees que pasará, pero ese día llega y de repente te das cuenta que ya todo es inevitable.
Y ese día ha llegado.
Escucho decirlo a los lejos, mientras escriben su nombre:
-“Se llama José Juan O…”
Se llama. Todavía se llama.
Siempre quise escribir sobre las últimas veces: las últimas veces que hicimos algo y no fuimos conscientes de ello. He pensado en muchas ocasiones que me hubiera gustado saber que iba a ser así, que iba a ser la última y tener la oportunidad de saborear ese último momento, hacerlo eterno, especial.
Y ahora estoy aquí, sentado sobre una maleta de medicamentos en un rincón de la unidad de cuidados intensivos coronarios, esperando que alguien me diga algo.
Ten cuidado con lo que deseas en esta vida porque a veces se puede hacer realidad.
El hacerse mayor implica empezar a acumular demasiadas experiencias de este tipo. Mi abuelo, mi abuela, mi madre, y ahora él. Los recuerdos de todos esos procesos afloran y empeoran ese sentimiento de impotencia y tristeza. Ver marchar a la gente, recordar sus últimos momentos, la forma de afrontar el final, las frases, los gestos, las miradas.
Son la peores horas, cuando sabes que el resultado es inevitable, pero debes encararlo con fortaleza y con una máscara para que esa persona piense que no todo está perdido, que se saldrá de esta, que hay esperanza.
Estoy muy cansado de ella, de la maldición de la esperanza, porque lo único que aporta es una falsa sensación de bienestar y confianza, cuando lo que se necesita es tener los pies en el suelo para afrontar con valor y realidad el tiempo que te queda con las circunstancias de verdad.
No se ha aportado bien conmigo, pero no deseo que se vaya. No así, no ahora, no con la sensación de que la otra persona que me dio la vida desparece sin haber encontrado la paz conmigo.
Sigue aquí, las posibilidades de salir de este son escasas y el futuro oscuro y aciago. Es posible que este sea el final de una época para todos, y todo lo que conocía y lo que era mi vida desaparezca de la noche a la mañana. Mi destino está atado a la persona que menos me ha querido, y yo, sin embargo, lo miro y lloro por él, porque él, él ES mi padre.
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