miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 142: Groar Uff Arg Ya

Dragones. Nada es lo que parecía en aquel mundo inhóspito de cuentos y leyendas. Los dragones vivían en paz, envueltos en un aura legendaria que permitía que la expresión "Tierra de Dragones" fuera tan temida como respetada.

De todas formas no era fácil vivir con tantos tópicos a la espalda. El primero y más doloroso para ellos era su fama de devora-hombres. Nunca más lejos de la realidad. Los dragones eran vegetarianos, incluso algunos era veganos, pero ya se sabe que de especialitos extremistas siempre hay en todas las especies. Comer carne iba contra sus principios y sobre todo comer humanos, que se volvía un incordio tanta ropa y retales y esos insufribles complementos de todo intragables. En realidad, comer humanos les producía ardores de estomago, bueno, más de lo habitual para lo que es un dragón.

El segundo gran tópico era su obsesión por acumular oro y riquezas. No sé si alguien se ha planteado la poca utilidad que tiene un zafiro, rubí o diamante para un dragón. ¿Brillan? Sí, pero los orígenes y los huesos huecos son toda la relación evolutiva que les queda en común con las urracas. Además, los dragones no estaban especialmente preparados para escavar profundas cuevas y tener que compartir el poco espacio  con cantidades ingentes de tesoros era del todo improductivo. Bueno, siempre había alguna excepción, pero el síndrome de Diógenes no es exclusivo de los humanos.

Y el tercer gran tópico era su afán por asolar y destruir ciudades. No sé si alguien alguna vez ha decidido aporrear un nido de avispas, pero venía a ser lo mismo. Los humanos podían ser diminutos e inofensivos, pero cuando los sacudías se volvían muy molestos, y a ningún dragón le apetecía tener moscas cojoneras con pequeños aguijones revoleando por sus narices, por mucho que pudieran ser despachados con un par de efectivos aunque ridículos manotazos histéricos.

De todas formas, dragones y hombres necesitaron de algo más para llegar a esa paz relativa que ahora imperaba en ambos reinos. Hay dos historias paralelas que corren narrando su origen, aunque difieren según sea la parte que la cuente. La versión humana, que es la que nosotros conocemos, se llama la Leyenda de Sant Jordi, pero en la dragón es bastante distinta. Se conocía como Groar Uff Arg Ya.

Según cuentan los viejos saurios, los dragones vivían en sus tierras fértiles aunque ligeramente calcinadas (un dragón constipado equivalía a incendio constante) lejos del chirriante mundo medieval humano, haciendo sus cosas de reptiles como... como... calentarse la sangre unos a otros, cortar el césped que venía a ser como tomarse un bermutillo o simplemente dragonear de aquí para allá. Lo bueno de ser dragón en aquellos tiempos era que, al contrario que sus vecinos peludos, su única religión era la estar tumbados en una buena piedra calentita rezando a ronquidos al Sol.

Pero cierto día incierto, entre los campos de brócoli para los reptiles traviesos, apareció una humana desesperada. Curiosidad, estupor, miradas interrogantes dragonas. Aquella minicarnivora venía pidiendo ayuda, y había pensado en los dragones como su solución. Si hubiera que describir su aspecto, podría definirse como la última croqueta que te comes cuando ya te has comido todas las que tenían buena pinta del plato. Decía que era virgen, y que debido la estricta religión imperante en su mundo no había manera de quitarse ese...virus. Entonces había pensado que sí era secuestrada por un dragón malvado, igual venía algún príncipe azul para salvarla y así ya tenía la excusa para echarle el lazo y lo que se terciara.

Los dragones, anonadados por la historia pero enternecidos por la muchacha (que incluso para el criterio de un dragón era una humana difícil de mirar) aceptaron su plan y e incluso decidieron colaborar con ella realizando una performance en su villa, arrasando algunas chozas, atemorizando a los aldeanos, e incluso chamuscando algunos cerdos dejando un olor a fritanga por toda la aldea, provocando nauseas y vómitos al pobre dragón durante todo el camino de vuelta.

El plan no acabó de salir todo lo bien que se esperaba, y  los dragones y  esa muchacha con exceso de pureza corporal acabaron de darse de bruces cuando apareció el nuevo problema. Ningún noble caballero acudió a rescatar a la ansiosa doncella, pero lo que sí se provocó fue un efecto llamada entre la comunidad de rechonchas y lozanas vírgenes y en poco tiempo, la tranquila y agricultosa tierra dragona se volvió un vergel de lozanas mujeres que esperaban que aguerridos paladines acudieran a liberarlas de su insufrible...cautividad.

Desesperados con el panorama, los dragones se reunieron para solucionar urgentemente el problema porque su plácida tierra de ensueño se estaba convirtiendo en una especie de mercado en domingo y en la mayoría de las cuevas estaban empezando a aparecer unos llamativos visillos y tapetes sobre las rocas.

Y cuando nada podía ir a peor, apareció una nueva muchacha, esta mucho más guapa y elegante, oliendo a pachuli lo que provocó una repentina ansiedad por picar algo. Era la princesa del reino.

Había oído los rumores sobre una tierra donde las virginidades de costosa extirpación espiraban por arte de magia, y ella, a pesar de ser atractiva y tener más pretendientes que ninguna, tenía algo peor que llevar un cinturón de castidad, un padre protector. 

Los dragones ya no sabían que hacer, y al borde de la desesperación la solución apareció sola ante sus narices. Un caballero engalanado hasta orejas, atabiado con una imponente lanza y reluciente coraza se adentraba en sus tierras en busca de gloria y fama, y bueno, si no quedaba otra, de la princesa (sospechar de todo caballero cabalga despacio, como temiendo encontrar lo que busca, y lleva una armadura inmaculada e impoluta, porque es como un pintor con los pinceles limpios, aparenta mucho pero pintar pinta poco.

Solo salió un dragón en su busca, el que tenía guardia el día 23, no fuera ser que el caballero, al ver muchos, aprendiera que su caballo también tenía una marcha llamada galope. El encuentro fue más o menos así.

-Ser del averno, bestial del mal, liberar a mi princesa o atravesaré tu cuerpo putrefacto con mi lanza y clavaré tu cabeza en una pica  para que esta proeza sea admirada por todo el mundo y se recuerde por los siglos de los siglos.
-Amén.
-¿Cómo?
-Perdón...GROOOOARRRRRR.
-Vil engendro del demonio, es tu última oportunidad, libera a mi futurible amada o acabarás ensartado cual brocheta de lagarto en mi espigado venablo.
-GROOOOOARRRR
-Está bien, tú lo has querido, muere alimaña inmunda. ¡A la carga! CLINCK CLINCK ...Clinck... click... tic...
-Mira oye, ¿cómo te llamas?
-¿Qué? ¿es a mí?
-Sí, a ti, ¿cómo te llamas?
-Emmm... esto... Jorge... bueno, Jordi
-Mira Jordi, no te ofendas pero tengo una piel de escamas tan gruesa como tu cabeza y con esa aguja hipodérmica no me haces ni cosquillas, así que deja de hacer el panoli y hablemos.
-¡Nunca! Te cortaré en dos porque tengo de mi lado a Dios y a la Verdad. Con Fe y mi espada de hierro forjado penetraré tu cuerpo como si fuera mantequilla.
-Los dragones somos inmunes al hierro, eso son los trolls y me da que también es un cuento.
-¡Oh! ¿Sí? Pero si en las novelas de caballerías ponía que... Vaya... ¿No sirve ni  aunque te golpee invocando la Gracia de Dios?

(Llamarada, la espada acaba fundida)

-¡Vale vale! Lo he pillado... dis... disculpa... esto, y ahora me vas a perdonar pero tengo que irme...
-¡NOOOOO! Por favor, espera, te propongo un trato. Llévate a la princesa, toda tuya, y de paso corre el rumor que tenemos algunas más por si hay algún voluntario con ganas de aventuras y liberar tensiones, que aquí ya no podemos más.
-¿Sí? ¡Gracias! Oye, y hablando de todo un poco, ¿puedo cortarte la cabeza y llevarla como trofeo para que vean mi valentía y destreza, y sea recordado bajo el nombre de El Liberador del Reino, El Matadragones o algún título de esos que te permite beber gratis en las cantinas?
-No te pases insecto, que te reduzco a cenizas.
-¡Oh...! Perdón, perdón. Pero, con todo mi respecto, Su Dragonidad, si vuelvo con la princesa y no hay pruebas de haber acabado con el mal, ¿qué van a pensar de mí?
-Vamos a hacer una cosa, tú dices que me has matado y que de mi sangre brotó un... espera un momento... ahora vengo...
- ¿...?
-Mira, toma esta rosa, las cultivamos aquí al lado, son deliciosas, tienen un sabor picante, aunque igual es por las espinas. Bueno, la idea es que cuentes que nació de mi sangre al atravesar mi corazón y lo conviertas en un símbolo.
-No sé, ¿crees que se lo van a creer?
-¿Y se van a creer que venciste a un dragón? Te recuerdo que te saco 20 palmos y varias toneladas de peso.
-Está bien, ¡ya me las apañaré! ¡Muchas gracias! ¡De verdad!
-De nada y por favor, y dile a todas esas doncellas que no vengan más, que si eso, ya iremos nosotros. Que calculen en un año...
-¿Seis meses?
-GROOOOARRRR
-!Un año, un año! ¡Entendido!

Y así es como los dragones se deshicieron de la plaga humana, consiguieron mantener su reputación relativamente a salvo, e instauraron que solo una vez al año se "exija" que una virgen les sea entregada, fecha que se conoce como el Día del Hoy me Libro (de mi Virtud) para los hombres y Día de Hoy me Libro (de los humanos) para los dragones.

Por otro lado, consiguen vender todo el excedente de rosas que producían, mayormente a chinos, por lo cual ahora estos los adoran y los han elegido como animal sagrado.

Y es que el día 23 de abril es el día de los cuentos, y cada uno los cuenta como más le gusta.

Colorín colorado, este cuento, se ha desvirgado.

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