lunes, 18 de marzo de 2013

Capítulo 133: Este es tu Camino

Consejos prácticos para hacer El Camino de Santiago:

-Es un camino de fe. Y no por sus connotaciones religiosas precisamente; es un camino para descubrir la fe en uno mismo. Cuando estás kilómetros de tu destino, en medio de la nada, o tienes fe en ti y en tus pies o tienes fe en ti y en tus pies, no hay otra. Afróntalo como un reto, y valor y al toro.

-Lleva lo justo. Que la mochila no pese demasiado, y cuando digo demasiado, quiero decir que no pese mucho más de 5 kilos. Prescinde de lo prescindible, no cargues con peso extra a tu espalda. Una camiseta y pantalón para cada día es vanidad (se puede lavar), un kit completo de higiene, manicura y confección es tontería y sobre acicalamiento de vanidosos, llevar comida extra a sacos es perder más energías de las que puedes recuperar comiéndotela (si hay hambre hay tiendas por el camino, almas de cántaro), nintendos DS, libros de 800 páginas, el cargador de 20 aparatos, la cámara de fotos profesional con todos sus complementos y demás cachibaches absurdos no hacen más entretenido el viaje, lo mortifican y es de catetos de ciudad.

En el Camino no hay tiempo de aburrirse, solo para caminar, curarse los males, relacionarse con la gente y dormir. Llevar tu propia almohada tampoco es buena idea, como el hecho de no renovar el saco de dormir de cuando ibas de colonias de pequeño. No me preguntéis por qué, pero lo sé. Sí veis a alguien con una mochila más alta que sí mismo, es sin duda un penitente.

-Camina con los pies bien asentados al suelo. Cuídalos, mímalos, tu cabeza dirige, pero ellos son los que hacen el trabajo sucio. Usa un buen calzado, algo cómodo con el que hayas recorrido media vida. Si aprietan, fuego con ellos, sin te rozan, fuego con ellos, si cada dos por tres te acuerdas de que los llevas, fuego con ellos. Un buen calzado está sin estar, aunque sean feos a matar.  

-Cada uno hace su propio camino. Vayas solo o vayas acompañado ningún camino es igual al tuyo. Todos pisáis la misma tierra pero se afronta de formas distintas. Al caminar cada uno soporta el peso de su mochila y eso es intransferible. No te dejes llevar, hazlo a tu manera.

-Who is your best friend? Espidifriend. Si se hicieran controles antidopaje, el Camino de Santiago no tendría jamás vencedor. Cualquier mañana en un albergue es como un mercadillo de yonkis. Es un trapicheo constante de medicamentos, tiritas y sprays. Yo solo puedo decir que me volví adicto al Reflex, al Compeed Ampollas y al untar mis pies de Vick Vaporub (ideal como vaselina fresquita para evitar rozaduras). Cualquier perro hubiera podido seguir mi rastro con los ojos cerrados.

Si tenéis suerte como yo y conseguís tener en el grupo de peregrinos a una ATS y una doctora, el Camino es años luz más llevado (les estaré eternamente agradecido por sus cuidados. De no ser así hubiera parecido más un Caminante Blanco de George R. R. Martin que un ser humano con patitas). A grandes males, grandes remedios y el son son canario.

(Otro consejo ya que estamos: si hace frío, pongamos en una noche burgalesa en un albergue con una estufita para 40 personas, no te eches Reflex por mucho que tus músculos se quejen a gritos. El efecto refrescante y Burgos son una combinación del todo desconsejable)

-Es una prueba de fuego para la constancia. Cuando la solución a tu situación es caminar, seguir adelante quieras o no, uno aprende a descubrir que la clave de todo está en la constancia. El primer día cuesta, el segundo incluso más, pero a partir del tercero algo cambia en tu cabeza y acabas disfrutando de lo que haces. Superar las primeras barreras del sufrimiento y de la desidia es el camino para la libertad y el bienestar personal. Como decía de aquel: ante un buen tute, camina o revienta.

-Es la mejor forma de conocerse a uno mismo. El Camino de Santiago tiene una característica muy particular que lo hace único. Solo has de dar un paso para formar parte de un mundo completamente distinto, el de los peregrinos. Seas religioso o no, tengas la edad que tengas, formas parte de una gran familia. Todo el mundo saluda, y tú lo haces a su vez: "Buen camino". La gente interacciona, se ayuda, se relaciona, porque todos somos iguales cuando se camina y eso facilita que cada uno se muestre como es. Descubres tu verdadero yo. Lo que uno puede aprender de sí mismo bien vale todo ese sufrimiento. Lástima que la vuelta a la realidad y las actitudes de un mundo egoísta y egocentrista lo devore y anule, pero ya sabes que está ahí.

-Aprende idiomas. O mímica. O juegos de cartas internacionales. O por lo menos aprende a sonreír siempre si no quieres estar lost in translation.

-Cada etapa es distinta. La guía te dice la distancia, la inclinación del terreno, te marca los posibles puntos de descanso, te da pistas de lo que te encontrarás, pero no te dice el cómo afrontarlo. Es un misterio que solo tú puedes descubrir. Pasé de la peor etapa de mi vida el primer día: cansado, destrozado, con los pies llenos de ampollas, roto, pero en menos de 12 horas disfruté de la travesía más plácida, concienciado que debía seguir, que quería seguir. Todo es psicológico, la mente y el cuerpo humano es sorprendente; un día no puedes más y al siguiente subes a la montaña más alta sin darte cuenta por el mero hecho de ir en buena compañía. Todas las etapas empiezan y acaban, para bien o para mal, y hay que saber asimilarlo. Lo curioso es que mientras piensas en llegar al destino descubres que es el día a día, el esforzarse, el avanzar, el descubrir las sorpresas que te guarda el Camino lo que hacen de esta aventura algo especial.

-Encuentra tu propio ritmo. El primer día, una mocosa de 15 años me adelantó a toda pastilla. Estuve deprimido como una lechuga sin sol hasta que la perdí en el horizonte. Yo era un Obelix sin poción mágica y con un menhir de tres pares de cojones torturándome a cada paso. El cuarto día me encontré a esa chica y su familia en un albergue. Habían tenido que coger un taxi porque la niña no podía más y no se veía con fuerza seguir. El quinto día llegaron al destino en bus. No te fíes de los que van disparados, no quieras ir más lento para ahorrar fuerzas, no varíes tu velocidad por ir hablando con gente, marca tu ritmo, pruébate y decide lo mejor para ti. No hay prisa por llegar y no vale la pena reventarse por estar con alguien. Paciencia, el camino es largo y el destino caprichoso.

-Todo es mejor en compañía. Cada uno hace su propio camino, pero no hay nada como caminar acompañado, como dormir tranquilo sabiendo que hay alguien de confianza a tu lado. Puedes caminar 5 horas en silencio, disfrutando de ti mismo y luego escuchar una palabra amiga y sentir que aquello vale un imperio. Se puede aprender mucho de las personas en momentos así, entenderlas, respetarlas, descubrir sus curiosidades, vuestras diferencias, y por eso cada minuto compartido vale su peso en oro. No hace falta estar siempre a su lado, pero no hay nada como saber que puedes apoyarte en ella cuando las circunstancias te superan. Un colacao calentito alienta a una persona, el mismo colacao compartido, alienta el doble y a dos. Conocerás a mucha gente en el Camino pero solo la amistad de quien lo comparte contigo crece y vive para siempre. Acéptame como soy y "You'll never walk alone".

-En el Camino sí se folla. Sea un italiano a punto de casarse y con cara de tonto ( lo único que tenía ), un inglés con cara de rey de Juego de Tronos, que se emborrachaba cada noche y aprovecha el viaje , así como dos catalanas que el caminar no acababa con sus fuerzas. Está visto y comprobado que en el Camino sí se folla, y si no follas, te folla él a ti. Yo cada noche llegué bien servido, y todo a pelo. "Fomare" querido cabo Apam. Definitivamente, en mi mochila llevé de todo menos la líbido.

-Los recuerdos no están en las fotos. Que nadie se mate por fotografiar cada detalle de su viaje por tenerlo todo registrado. Las fotos se quedarán en un cajón (eso cuando no las pierdes antes de casi verlas o compartirlas). No vale la pena perderse el espectáculo real por mirar a través de un objetivo diminuto. La mente lo registra todo mucho mejor, con más resolución y se queda con lo importante. Estará siempre en ti hasta que decidas enterrarlo con mejores y más frescos recuerdos.

-Disfruta. Solo eso, disfruta del momento.




Para quien haya leído esto sin mucho interés porque el Camino de Santiago no está entre sus objetivos o el caminar no esté hecho para ellos, que vuelva a leer el post desde otro prisma.

Estos consejos son también consejos para la vida. Nuestro camino con suerte será largo, no exento de piedras, subidas y bajadas, dolor, alegría, de peregrinos que aparezcan para compartir pequeños momentos y desaparezcan con la misma facilidad, de una búsqueda de ese alguien que camine a nuestro lado sin que ninguno de los dos pierda su propia senda o cambie el ritmo de su pasos. Esto no son más que consejos para poder llegar lo mejor posible a nuestro destino (una catedral donde nos den la bienvenida y despedida final esparciendo humo y cenizas) y que podamos decir que, después de todo, fue un Buen Camino.



Frase del día: "Cerrar la puerta" (Post de hace mes y medio)
-Y curiosamente, una vez eché fuera mis demonios, estoy aprendiendo a cerrar puertas y desprenderme de aquel equipaje que solo lastraba mi paso. Good luck, florecillas.

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