viernes, 24 de febrero de 2012

Capítulo 91: La Nouvelle Santé

Por fin llegó el día, tras un año de espera, hoy tenía reserva para uno de los lugares más selectos de este país. Como los buenos, he decido ponerme mi traje de gala. Impecable, peinaito al estilo "así mismo" y con mi mejor (y único) perfume creando un escudo gravitatorio a mi alrededor. Todo muy natural, como soy yo, pero eso sí, recién duchado. Y no una ducha en plan estandard no, una de esas como cuando vas con el coche a un tunel de lavado y dices: "-Hoy estoy que lo tiro, venga, el servicio Extra Plus Mega Más Brillantastic Oh Yes Clean Mode". Es decir, me he frotado como si quisiera sacar un genio de dentro mí, me he lavado tras las orejas y, en un exceso de euforia desatada, he pasado la esponja incluso por entre los dedos de los pies. A lo campeón, dí que sí, que eres un winer macho.

Envalentonado por el fin de una larga espera y por lo que se reflejaba en el espejo al hacer la última revisión (el vapor de agua, qué gran aliado, es como meterle desenfonque gaussiano a una foto cuando sales feo), he cogido camino a mi cita ya que tenía reseva para las 8.40. He salido con tiempo, quería disfrutar del viaje y pasear lentamente, feeling like a Sir. Qué corto se hace el trayecto cuando no conduces tú y hay ganas.

He llegado puntual como un recibo a pagar. El lugar, realmente imponente. Una magnifica fachada, una puerta grande y un acogedor vestibulo para recibir a los afortunados vips del día. Curiosamente no había mêtre para la bienvenida pero los tiempos cambian y las nuevas tecnologías y la santé créatif imponen una evolución en los valores intrínsecos de la sociedad, con lo que su lugar he encontrado un revolucionario sistema de información interactiva unidireccional programada para el reconomiento visual de la misma (una puta tele colgada en la pared) que me ha indicado la sala a donde debía acudir.

Un simpático jovenzuelo de aproximadamente 60 años ha comprobado mi reserva, y tras un "-Es correcto, caballero, tome asiento, puerta 4" ha seguido con su labor de repartir croissants entre el resto de compañeros de la maison. Me he ido algo descontento con el servicio ya que no me ha acompañado a mi sitio tal como esperaba ni me ha retirado la silla como es menester en lugares de tan alta alcurnia (por mucho que estuvieran pegadas al suelo como si las fueramos a robar. Pobres, deben haber tenido algunas malas experiencias. Debe ser que entre la elit class también hay ovejas negras).

Curiosamente tampoco me ha ofrecido croissants, pero eso creo que era para no quitarme la gana y no confundir a mi paladar ante las delicatessen venideras. Total, que por sieso se ha quedado sin propina.

Al poco de esperar han requerido mi presencia entre fogones. Al parecer, el chef quería recibirme en exclusiva. Me he sentido por primera vez como si estuviera en la película de "Ratatouille". La jefa de cocina era una mezcla entre Remy la rata y Skinner, el chef principal. Curiosamente parecía una mezcla de lo peor de ambos.

Se ha sentado, ha mirado mi menú en el ordenador y ha empezado a cocinarme. "-Ummm, hoy tenemos un Nevus Melanocitic à delicious Lunaré au Chocolat, perfecto, ¿puede quitarse la camisa?". Así que ella y su medio metro ha estado observando mi metro y ochenta y largo de tipo tal y como me gusta a mi la carne, vuelta y vuelta y fuera. Entonces ha decidido analizar uno de mis lunares con más detenimiento, como para dar su toque personal al asunto mientras estaba yo tumbado en la parrilla de observación. Creo que ha sido un poco para hacer el paripé porque, de los 7 minutos de visita, 5 ha estado discutiendo con dos enfermeras (que se han asomado a cotillear por cierto) lo tonta que era la tercer enfermera, justo la que no estaba presente en ese momento.

Soy una persona que otra cosa no, pero lunares tengo como un vestido de faralaes. Siempre he pensado que soy el boceto de lo que pasaría si dos galaxias, con sus constelaciones de serie, chocaran entre sí. Pues doña Remy ha debido pensar lo contrario, porque como hacen todos los chef de la Nouvelle Santé, me ha cocinado rápido, casi de forma inapreciable y testimonial, y a los dos mordiscos me ha mandado ipso facto para chez moiz. He intentado aprovechar la ocasión para preguntarle alguna cosa más, ya que se hace cara de ver, pero ni caso, mirada significativa con cara de ratilla y adios muy buenas. Ni ponte crema para enriquecer tus platos, ni evita el sol para no hacerte demasiado, ni siquiera usa gorra como guarnición para tus barbacoas al aire libre. Eso sí, me ha hecho una receta/factura que "-Lamentablemente no entra por la Seguridad Social, sacré bleeeeeuuu" tras mucho insistirle y me ha mandao con viento fresco advirtiéndome que no la visite en dos años mínimo, que no estoy en fase de riesgo.

Hambriento y decepcionado he decidido pasar por recepción a quejarme un rato y a pedir fecha de nuevo para tocar la moral. Cuando le he dicho al mêtre de turno que había pedido hora el 20 de febrero y me la habían dado para el 24 del mismo mes, me ha mirado con cara de "otro que se toma el Algidol esnifao", hasta que le he aclarado que hablaba de febreros de años distintos. Me ha recomendado que si quería visita para 2014, que llamara como muy tarde en noviembre de este año, que había cola de espera para la cola de espera. Fantambuloso oye.

Lo peor de todo es que todo eso me daba igual la hora y demás, a lo que yo iba en realidad a recepción era a ver si les habían sobrado croissants. Y no, ¡snif! 

Y hasta aquí la historia del Bulli de la Sanidad. De ella saco tres conclusiones que me dejan picueto del todo:

1ª- ¿Debo empezar a pedir hora para amputación de brazo cangrenado el día que me pille una uña del dedo con la puerta?
2ª- ¿Por qué coño me mira solo los lunares del torso y la espalda y me dice que todo correcto a los 30 segundos?¿qué pasa, que de tronco para abajo no hay lunares? ¿A esto se referían con los recortes en sanidad, solo te miran la mitad del cuerpo?
3ª- ¿Por qué no han comprado más croisants? La cara de pena que he puesto al ver pasar la bolsa por mis narices a las 8.40 de la mañana ha sido épica. Qué pena, qué pena, qué pena las rontondas, qué pena la bandera de Croacia y qué pena yo.


Frase del día: "EeeeeeeeeeeeeehhhhhhEEEEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHeeeeeeehhhhhh gprhtfafhhhh!!!!!(Un bicivolador renegando en arameo por estar yo empanao delante de la parada del bus)
-A ver, arquitectos e ingenieros de caminos con menos luces que el monopatín del niño de Los Otros, ¿qué sentido tiene construir un carril bici justo entre la parada de bus y el borde de la carretera donde para el autobus propiamente dicho?¿qué no véis que es como hacer pasar la cabalgata del desfile del día del Orgullo Gay por mitad del Valle de los Caídos?. Qué susto me he llevado, por Dios...

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