miércoles, 4 de enero de 2012

Capítulo 75: Y me dió un telele

Me encanta la tele, tengo que reconocerlo. Me gusta encenderla y escucharla de fondo mientras escupe su programación. Es como esa mascota que de vez en cuando te da con la pata o ladra muy fuerte para llamar tu atención. A veces dan ganas de acariarla y ponerle cosas encima, tapetes, muñecas con peineta hechas como el culo, polvo (la mitad de la figuras se han vuelto funambulistas y viven en el filo de la navaja por culpa de las pantallas planas). Pero como todo animal de compañía, a veces te deja en el suelo mojones como torres petronas o se te mea en la alfombra y tienes que coger un libro y ponerte a leer para darle un buen escarmiento.

Aun así es parte de mi mundo, es como la banda sonora de mi vida, ese run run de fondo, tan relajante, tan... tan... demencial. La cuestión es que, de vez en cuando, me da por hacerle caso y no solo la escucho, sino que también la miro. Y en ocasiones muy excepcionales, como hoy, me da por hacer un ejercicio de máximo riesgo y reflexiono sobre ella (¡rápido, cables desfibriladores, un, dos, tres, ya....tssskhhhh... lo perdemos, lo perdemos).

Resulta curioso enfrentarse a más de 70 canales de tdt y que no sea hasta la tercera pasada que te das cuenta que te vas a quedar en un canal por agotamiento y no por calidad de lo ofrecido (sí, lo sé Supertacañones Antitelevisivos, se puede apagar pero, ¿apagaríais a vuestra cobaya cuando tiene mono de endivia y hace ese ruidito coñazo o a vuestro gatito cuando os mira con ojos Candy Candy tras realizar una operación de vida o muerte al sofá de piel?).

La programación, a día de hoy, se ha vuelto de un politicamente correcto insoportable, donde críticos, asociaciones y directivos juegan a ver quién es más papista que el Papa. No se ven tetas para respetar al público infantil ni se pueden decir palabras mal sonantes para no influir negativamente en su educación pero, a su vez, a las 4 de la tarde, pueden verse infinidad de series clones donde unos americanos esteriotipados resuelven crímenes de lo más sanguinario (curioso país ese que se autoproclama emblema de la libertad y ejemplo de una sociedad avanzada y luego tienen un porrón de psicópatas de imaginación retorcida gambiteando por sus calles libremente).

Lo que resulta más irónico es el tipo de programación controlada que emiten las cadenas para evitar trastornar a nuestros niños: series españolas de factura clásica que promueven el retorno de la enagüa y la braga de cuello vuelto a los 4 vientos, el documental del ñu, luego el de la nutria, luego el del ñu otra vez, ahora el de la nutria de charco, el ñu vuelve, otra vez la nutria, el ñu conoce a la nutria, amanecer de una nueva especie: la ñutria y así at infinitum.

Entonces, si evitas de los canales habituales y de los cuales has desgastado la tecla del mando, puedes buscar y toparte con joyas como la quinta repetición de "Pimp my ride" ("Pint my buga" en la versión española, porque solo hacen eso, darle una capita de pintura y aire), un divertido taller de gays multirraciales que en su vida se han manchado las manos de grasa y que tienen un preocupante excedente de monitores (tal vez robados por el mafioso de su presentador) a los que hay que darles salida como sea.

Pero si hay suerte igual te toca ver a niñas embarazadas con 16 años, superfelices de salir en la tele con sus novios descerebrados, siendo la envidia de otras niñas de 16 que no tuvieron la suerte de quedarse preñadas pero que lo van a intentar con más fuerzas que nunca, porque salir en la MTV es salir en la MTV oye.

Y luego está... "Otra movida". Tres treintañeros que intentan hablar y ser super guays usando palabras como "peña", "movidaca" y "flipar" y que se les ve sudar la gota gorda por no dar más pena de la que ya dan intentando ser más graciosos que el resto (Ana Simón, estás por las tetas, limitaté a enseñarlas, ¡gracias!). Y si el Canal 13 no te da paz cristiana y saca el demonio de ti, no has visto suficientes veces "La que se avecina" o simplemente te van la emociones fuertes, puedes ver "Sálvame".

No, no voy a poner a parir a este programa. Al contrario, le reconozco el mérito y alabo su esencia; es la evolución de la tele. Un contenido que sale de la nada, que se retroalimenta, tratado por "tertulianos" que son lo contrario a la excelencia y no tienen ningún criterio ni honorabilidad. Se muestran incultos, osados, maleducados, se azuzan a unos contra otros. No deja de ser la fórmula de lo que ha funcionado siempre en la historia de la humanidad: desde el circo romano con gladiadores y cristianos crudos al punto para los leones hasta los juicios públicos sumarísimos y ejecuciones de la Revolución Francesa. He tardado en entenderlo, pero me he resignado a su fuerza primigenia. A mí me gusta "Punto Pelota", y no deja de ser un Sálvame del futbol con su Belén Esteban/Roncero y posiciones radicales que acaban tocándose por los éxtremos sin que ninguno de ellos se de cuenta que están diciendo lo mismo.

Me gusta la tele, con sus ronroneos, su Charlie Sheen haciendo de Charlie Sheen, su demagogia e ironía sin límites, sus anuncios con película por medio, su compañía indispensable en momentos de soledad, su infracultura que nos demuestra que, en el fondo, todo conocimiento nos hace más cultos, sus teletiendas de exprimidores y cuchillos y sobretodo, su necesario pase de "Pretty Woman" cada 3 meses para recordarnos que todas han soñado alguna vez con ser putas y todos hemos soñado alguna vez con ser un elegante ejecutivo gay de cabello canoso.


La tele nos ha dado grandes cosas: a Remedios Amaya en Eurovisión: cero puntos y a Remedios Cervantes en Atrapa un millón: cero euros. Como dice el refrán, a grandes males, grandes Remedios. ¡Viva la tele!



Frase del día: "Prohibido volver atrás" (Frase en una de las calles de la Judería de Córdoba)
- Una promesa es una promesa.

1 comentario:

  1. El episodio ñu vs. nutria me encanta, en serio. Un genio. Tu.

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