viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo 50: Solos

Quien estos días siga la actualidad podrá descubrir que, poco menos, el mundo se acaba. Y lo hace de forma repentina, irremediablemente. Terremotos, tsunamis, radioactividad.

Todos los gobiernos se hacen cruces, todos lo habían advertido, esto tenía que pasar, nosotros ya pusimos solución.

Hoy quiero denunciar la hipocresía de todos aquellos que dicen "Os lo dije" y señalan con el dedo al resto sin darse cuenta que al hacerlo otros cuatro dedos los señalan a ellos. Esto va por los dirigentes que hablan de "apocalipis" a la situación de Japón o se permiten dar consejos y hacer acusaciones de "ocultar la verdad" y definir la situación de la central nuclear como más grave de lo que el gobierno japones reconoce.

Resulta, como poco revelador, pensar que un país como Alemanía o Estados Unidos estén teniendo tan poca sensibilidad con lo sucedido cuando tiene a sus espaldas una dudosa reputación al respecto. La situación nuclear en Japón es una amenaza en potencia origen de un desastre natural incontrolable y de difícil predictabilidad, muy al contrario de lo sucedido hace 66 años, cuando Estados Unidos soltó dos bombas atómicas sobre territorio nipón con la excusa de finalizar una guerra que amenazaba con eternizarse y suponer un alto nivel de baja para sus filas.

Esas dos bombas atómicas, Little Boy, bomba de uranio, y Fatman, bomba de plutonio, cayeron sobre zona militar y sobre todo, población civil, causando más de 220.000 muertos y provocando un número interminado de afectados por radiación que a día de hoy todavía muestra sus huellas en los supervivientes y sus descendencia. ¿Qué deben estar pensando estos "hibakushas" de Angela Merkel y sus declaraciones, o del comisario europeo de energía Günter Öttinger?¿Y de Barack Obama y de todos aquellos países que han evacuado a sus compatriotas por el temor a una supuesta contaminación?. Más de uno debería aprender del señorio de una nación que ha reaccionado a la tragedia con un orden y un sentido común digno de admirar, y que lejos de perder la calma, está dando una lección de coraje demostrando que es un país con espiritú de sacrificio infinito.


Y otra reflexión que me hace dudar de nuestro mandatarios. La situación de los rebeldes en Líbia. ¿A qué espera la Comunidad Internacional para mover un dedo? ¿A que lo combatientes que luchan contra la tirania nepotista de Gadaffi queden encerrados en Bengasi y sean exterminados como ratas atrapadas en un callejón?. Resulta irónico que también sea necesario remontarse a la Segunda Guerra Mundial (y tal vez no tan lejos, ha pasado en muchos países sin interesés económicos reales en ellos) para recordar lo sucedido en el levantamiento del Gueto de Varsovia en abril de 1943. Un grupo de sublevados suplicaron a los aliados, en este caso al gobierno británico, ayuda militar y apoyo logístico para luchar contra los nazis que ocupaban Polonia en pleno declive del Tercer Reich. No recibieron respuesta y sucumbieron ante el ejercito aleman después de dos semanas de enfrentamientos y tras estar completamente rodeados. Destacar como hecho remarcable la insolita situación que se produjo con la siniestra actuación del ejercito soviético. Tras un imparable avance en su guerra contra Hitler, Stalin decidió parar toda su máquinaria bélica justo a las puertas de Varsovia, dejándo que lo nazis ejecutaran sus planes de reconquista del gueto y así dejar a su merced a todos los polacos que lucharon por colaborar en la liberación del país. Los dejaron solos ellos también.


Intereses políticos, burocracia, réditos electorales, diplomacia de salón. El mundo se acaba, sí, pero no como pensamos. Se acaba el sentido común, se acaba la dignidad y el altruismo. Somos todos responsables de cerrar los ojos y no ver esa realidad que no nos gusta pero que nos afecta.

El egoismo es la verdadera enfermedad endémica de nuestra sociedad, queremos un mundo mejor pero sin hacer sacrificios, y total, dentro de 100 años, ¿a quién le importa si yo ya no estaré aquí?.

Realmente, merecemos que la historia se repita, por no acordarnos de ella. Los estamos dejando solos, que nadie se queje cuando se gire la tortilla.



Frase del día: "Podré contar les a las futuras generaciones la terrible historia de las bombas atómicas incluso cuando haya muerto" (Tsutomu Yamaguchi único superviviente "oficial" de Hiroshima y Nagasaki)
-Que su deseo se haga realidad, y que su mensaje no solo llegue, sino que se recuerde. Necesitamos saber de donde venimos para saber a donde ir.

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