jueves, 3 de marzo de 2011

Capítulo 46: R-TO'S D2

Eran la típica pareja de adolescentes que habían decidido que ya era el momento. A pesar de ser más madura y experimentada que su chico, esta iba a ser la primera vez para los dos. "¿Me acompañaras antes a mirar un par de cosas por el centro, verdad?" le preguntó ella con ingenuidad seductora. "¿Y por qué no?" pensó él. "Total, van a ser 4 tiendas, vale la pena el sacrificio". Como ya había dicho antes, todo esto era muy nuevo para el pobre iluso.

La tarde en el centro comercial fue la contrastación definitiva de que, la teoría de la relatividad de Einstein, es dolorosamente cierta. Un minuto era un medida de tiempo que distaba mucho de parecerse a su intrínseca esencia según en el lado que estuvieras en esos instantes. Mirar maniquis cada vez más rotundos y con prendas tan pequeñas y sinuosas, tampoco facilitaba la espera que pudiera decirse.

Por si las cosas no fueran complicadas ya, llegó la famosa petición para la que ningún principiante del amor conoce la respuesta correcta. "Cariño, ¿podrías aguantarme un momento el bolso?". Él respondió justo lo contrario a lo que dictaba la sentatez. "Sí, claro".

Los primeros instantes en los que lo sostuvo en sus manos fueron parecidos a la sensación de cuando sacas un plato de sopa del microondas. Lo agarraba con cierta indiferencia , de forma automática, sin pensar. Pero repentinamente, las asas del bolso empezaron a arder entres sus dedos como si hubieran sido forjadas en las entrañas del infierno. Un momento de lucidez le hizo ser consciente de su nueva realidad. Estaba allí de pie, con un bolso de mujer en las manos, perdiendo masculinidad a la misma velocidad que un flotador pierde aire en la cintura de un erizo. Lo llevó al hombro para liberar sus manos pero le pareció incluso más estigmatizador. Se convirtió en pura alergia. No dejaba de intercambiarlo de forma compulsiva, como si tenerlo más de 3 segundos en el mismo sitio fuera a provocarle un sarpullido colérico.

Y entonces sonó un móvil. No el suyo. "Cariño, me llaman, cógelo please, que me estoy probando una blusa" dijo su chica desde el otro lado de la cortina.

Una cosa era aguantarlo, otra, abrirlo. Metió la mano dentro como quien teme que, en cualquier momento, un cepo para osos pudiera saltar y apresarte la muñeca. Fuera como fuese, de los nervios de la busqueda, se le cayó el bolso al suelo, desparramando toda una colección de cosas que jamás hubiera pensado que cupieran en un espacio tan pequeño.

Unas llaves, kleenex de tres aromas distintos, gomas del pelo y de pollo, monedas, pintauñas, un ¿abridor?, boligrafos, tiritas, chinos de aquellos que antes se llevaban en las pulseras, maquillaje, algodón, un tanga, una cucharrilla, dos tazos, colonia, una botella pequeña de agua, un tamagochi sin pilas, el monedero, otro pequeño monedero, otro monedero incluso más pequeño, el movil y ... una cosa alargada blanca con un hilo en un funda de colores... con forma... fálica.


Lo fue recogiendo todo ante la atenta mirada de su chica que, con el probador ya abierto, le observaba desde arriba. Fue cuando, debido a lo embarazoso de la situación, dudo por donde agarrar aquel palito blando, lo que aprovechó ella para decir, con una gran sonrisa y en voz bien alta: "¿Vas a recoger mi TAMPAX o no?". Aquella fue una de esas ocasiones en que, los planetas, se alinean y el mundo decide hacerte protagonista durante dos segundos. La palabra se hizo eternamente sonora por toda la tienda coincidiendo con un momento de silencio universal donde, hasta la música, se había tomado un descanso para hacer el cambio de tema.

Pudo verse en la cara del chico la gama cromática de rojos más completa de la que haya sido consciente la humanidad en tantos siglos de existencia. Salieron de la tienda con una blusa de más y un mundo de orgullo de menos.


La tarde dió paso a la noche y llegó el momento de ir al hostal donde habían reservado habitación. Fue cuando él le preguntó a la chica. "Cuándo se me cayó el bolso, pude comprobar que llevabas de todo menos lo que vamos a necesitar esta noche... me dijiste que te encargarías". Ella puso cara de circunstancias y le respondió. "Está bien, vayamos a la farmacia que hay al final de la calle, espero que no me reconozcan...".


Llegaron a la puerta y ella le miró a él con carita de cordero degollado, pero no coló. "Entro contigo si quieres, pero los pides tú". Ella aceptó, menos daba una piedra.

Al contrario de lo que ella hubiera deseado, había más gente de lo normal. "Maldita gripe" masculló entre dientes. Esperó inquieta su turno, pensando en Einstein y en lo caprichosas que eran sus teorías y lo facilmente que se daban la vuelta. "Siguiente" dijo el farmacéutico, a la vez que sonaba el timbre y entraban varias personas más. "¿Qué desea?" se dirigió a ella con las manos sobre el mostrador, y con rostro espectante. "Hola, buenas noches, esto... querría una caja de profilácticos..." ."¿Perdona?" dijo él. "Sí, que bueno, que querría una caja de gomitas..." . "¿Podrías hablar un poco más alto, guapa?" le pidió sin dejar de arquear las cejas como gesto claro de no estar entendiendo ni media palabra.

Ella, completamente cohibida al ver que la farmacia se llenaba más y más por por momentos, hizo acopio de fuerzas y volvió a decir. "Sí, claro, que quiero una cajita de preservat..."...

"CONDONES, ella quiere una caja de condones, de 24 a ser posible" dijo el chico con voz enérgica y un retrogusto de dulce venganza al oir retronar sus palabras por todo el local. El dependiente asintió con una sonrisa y fue a buscarlos.

Ella no atinó a cerrar la boca hasta que la caja de preservativos estuvo sobre el mostrador. Oye lejanamente como le preguntaba si quería algo más. Respondió que no con un hilo de voz mientras notaba como las miradas y sonrisas disimuladas de la gente se clavaban en su cogote, a la par que sacaba un billete y guardaba su compra en su atiborrado bolso.

Se hizo un pasillo en el momento que ambos abandonaron la farmacia, mientras que ella, sin levantar la vista del suelo, grababa en su retina el dibujo de las baldosas de la tienda por donde había quedado desparramado su orgullo y dignidad.

No llegaron a pisar la puerta del hostal aquella noche. Ni aquella noche ni nunca. Este es el motivo por el cúal ellas no compran condones y ellos no sujetan bolsos.

El motivo por el cuál no se debe jugar con gente con el pelo más rizado que tú mismo, no hace falta explicarlo, cae por su propio peso.




Frase del día: "Juego de Tronos: Lobos contra Leones" (El País digital, 3-03-11)
-The Serie is coming...

2 comentarios:

  1. Bah, si es que los condones deberían venderlos en máquinas expendedoras, como el tabaco. Simple, sencillo y discreto.
    Somos unas incomprendidas, claramente :P

    (Y además, que si un macho va a comprar condones a una farmacia, la gente le mira en plan "ehhh machoteee hoy mojas". Pero si es una chica, la miran y parece que piensen "no ve, qué guarrilla".)

    Un besaco!

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  2. Después de pedir los condones con varonil voz, debería haber añadido: "Y un bote de lubricante, que ya sabes que si no no te cabe entera, cariño!".

    The serie is coming and so do the dancing dragons....

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