lunes, 21 de febrero de 2011

Capítulo 44: Patente de Corso

- ¡Piratería en internet a estribor, capitán!

- ¡Arrr, por las barbas de Neptuno! ¡Rápido, panda de holgazanes,abatid el palo de mesana, arriad el foque, asegurad el trinquete! ¡No dejéis que esos marineros de agua dulce se lleven nuestro preciado tesoro...!

¡Que me aspen! .El mar del ciberespacio anda revuelto, grumetes. La piratería está en boca de todos y se avecinan nubarrones. Truenos, relámpagos y centellas, esto va a ser duro, marineros. ¡Atadme al palo mayor y no me soltéis hasta que haya pasado el temporal!.


Como siempre, la piratería es un concepto que difiere mucho en su significado según en el bando en el que estés. Seamos realistas, piratería, lo que se dice piratería, fue lo que sufrió España en el siglo XVI a manos de Francis Drake. Este inglés, explorador, traficante de esclavos y político, se encargó de saquear y destruir el tráfico mercante español durante años, retrasando los planes de Felipe II en su intento de construir la Armada Invencible. Pero aún así, lo que para España fue un pirata y un incomodo enemigo, en Inglaterra se le consideró como corsario y llegó a ser Vicealmirante de la Marina Real Británica e investido caballero.

Y es que es la patente de corso es lo que hace de un villano un heroe. De un ladrón un justiciero. De un usurpador un mecenas de la cultura...


Quinientos años después seguimos con la misma cantinela.Y como siempre vuelve a ser cosa de dos visiones distintas, separadas por un denominador común que nos ha divido siempre: el dinero.Unos piratean, mientras que otros, en cambio, dicen que usan internet como espacio rentable de promoción. Todo es cuestión de intereses.

No prentendo ahondar ahora en el problema de la piratería, ni voy a decir nada que no se haya dicho antes ya. Tan solo quiero romper una lanza en favor de la cultura y de todos aquellos que desean tener acceso a ella, independientemente de su clase, raza o procedencia.

Creo en el derecho del autor intelectual a reclamar un reconocimiento económico por su obra, en su derecho a lucrarse con el fruto de su propio trabajo, en poder reclamar su merecida compensación sin ser acusado de ruín o mezquino. Pero creo igual en el derecho de una gran parte de la sociedad a tener acceso a una cultura que se les priva por no tener una capacidad económica a la altura de las actuales circunstancias.

Siempre he pensado que, quien se descarga una película, ve una serie on-line o comparte música con más gente, ya pagan un precio que no paga la gente con poder adquisitivo como para tener el original: tienen el producto en esencia, pero no en su forma perfecta y definitiva.

No es lo mismo ver una película en el cine, de estreno, con toda la comodidad que se le presume al local, que tener que esperar un día entero para bajar su sucedaneo comprimido, y con una calidad de imagen y sonido más que dudosa. No es lo mismo disfrutar de una tarde en tu sofá viendo toda la temporada de tu serie favorita en blue-ray que verla a duras penas en una página donde cada 72 minutos te dejan con la miel en los labios.

Quien acude a internet a conseguir lo que económicamente no puede, paga su precio. Y ya no se limita a lo anteriormente expuesto, sino que, acceder a esos contenidos, supone un desembolso a nivel de hardware, software, así como de conexión que, en España, es de todo menos barata. Todos aquellos que tachan de piratas a los internautas y les acusan con el dedo de ser los culpables del declive de la industria del entretenimiento y la cultura, deberían dirigir sus miradas inquisitorias a todos los que SÍ han sabido obtener un beneficio de la actual situación, y que no son precisamente los ciudadanos de a pie.

Una última reflexión al respecto: si nadie bajara material pirata de internet, digasé películas, libros, música, programas, ¿quién contrataría con las compañías telefónicas tarifas de alta velocidad de descarga?¿quién se compraría usb’s, cd’s grabables y discos duros externos para almacenar todo ese material?¿quién pagaría sumas muy respetables de dinero por hacerse con periféricos y soportes para leer libros o escuchar música en formato comprimido?¿por qué nos ofrecen los instrumentos, pagamos los cánones, y nos dan la capacidad necesaria si el bajar cosas de internet no es una actitud cívica y legal?

La libertad de acción y comercio en internet ha trastornado los equilosados principios de la economía en España y nadie está por la labor de adaptarse a lo que es el paradigma de una nueva forma de negocio. Con leyes como la ley Sinde lo único que se consigue es empeorar el estado de un enfermo con un mal endémico al cúal, los viejos remedios, ya no le hacen efecto.


Al final, será el pueblo, los cibernautas, los deseosos de disfrutar de una necesidad tan básica y universal como es el acceso a la cultura a un precio asequible, los que provoquen que autores y gobiernos venideros empiecen a replantearse lo que medio mundo ha visto ya hace tiempo. Es cuestión de renovarse o morir.

Simplemente como ejemplo un botón. La otra noche, en el programa de la Sexta “BFN”, Andreu Buenafuente entrevistó al escritor y filósofo Jesus Mosterín, que presentaba nuevo libro. A la pregunta de qué opinaba, como autor, del problema de la piratería en internet, respondió algo debería hacer reflexionar a más de uno.


"Yo como escritor, quiero que el público pague dinero por leer mi libro. Pero en el caso de que no lo vayan a hacer, prefiero que me lean de forma gratuita a que no lo hagan. Hay más formas de sacar rendimiento a tu propia obra que no la tradicional. También está el reconocimiento, que te puede abrir otras puertas igual de interesantes."

No es literal, pero si queda representada la idea principal que quiso transmitir. Tal vez si aquellos cantantes que se quejan tanto de los jovenes que se bajan su música, supieran que al ser escuchada por más gente conseguiran que sus conciertos se llenen más y su figura tenga más repercusión, o que tanto cinestas como escritores, que hablan de la expoliación de sus derechos de autor, supieran que al ser más conocidos y mediáticos, pueden convertirse en lideres de opinión y obtener unos privilegios en forma de ayudas o proyectos de mayor calado que les reportarán nuevos ingresos, aceptarían de mejor grado, lo que se es sin duda, una realidad imparable: ha empezado la revolución cultural de nuestros tiempos.

Como diría un viejo lobo de mar: ¡Ojo al parche, malandrines!¡Desventurado aquel que ose luchar contra el poder de las olas del mar! ¡Palabra de pirata!


Frase del día: “Pero,¿dónde coño se mete el puto oso? (Dosh de C’Thun)

-¿Y para qué quiero yo un oso, si no me gustan las spirit?

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